miércoles, 22 de septiembre de 2010

~ Capítulo 11 ~

Mary que seguía haciendo el té, le daba la espalda. Ambas permanecieron en silencio durante un rato, a Raquel le pareció una eternidad.
-¿Qué dices?- dijo Mary con calma finalmente dándose la vuelta.
-Lo que has oído- dijo Raquel cruzándose de brazos.
-¿Y cómo piensas llegar a Phoenix si puede saberse?
Raquel se quedó pensativa.
-En coche- dijo finalmente.
-Oh si- dijo Mary, con ironía- deja de soñar Raquel, se te olvida algo: no tenemos coche. Además ni siquiera sabes conducir.
-¿Quién ha dicho que vaya a conducir yo?- dijo dirigiendo la mirada hacia el dormitorio.
Mary la miró confusa.
-Sabes que tampoco yo sé conducir.
-No seas tonta, lo hará Michael.
-¿Michael? Ni siquiera sabes si conduce.
-Encontré en su cartera el permiso de conducir.
Mary se quedó pensativa un momento y frunció el ceño.
-¿Y qué hay del coche?
-Creo que dadas las circunstancias, no va a pasar nada por coger uno prestado.
-¿Pretendes que Michael Jackson nos lleve en un coche robado a Arizona?- dijo Mary malhumorada- Es de locos.
-¿Y no es de locos todo lo que está pasando ahí fuera? Mira, sólo quiero saber cómo están mis padres, no tengo la culpa de que los tuyos vivan en Pontiac.
Mary guardó silencio. Se sentía desdichada. Miró con cara de pocos amigos a Raquel y se fue de la cocina dejándola sola. Raquel quería ver a sus padres y podía llegar a Phoenix en coche. Pero Mary también quería ver a los suyos y Michigan estaba a más de tres mil kilómetros de distancia. Era más que difícil llegar en coche. Además los aeropuertos estaban cerrados.
-Oye, no te pongas así- dijo Raquel abandonando también la cocina y siguiendo a Mary.
Mary hizo caso omiso y se encerró en el cuarto de baño dando un portazo. Michael había estado mirando la escena. Raquel lo miró y sonrió. Michael en cambio la miró desconcertado.
-Michael- dijo con voz melosa- ¿Me harías un favor?
-Eeeh...
-¿Me llevarías en coche a Phoenix?
-¿Para qué?- preguntó más desconcertado aún.
-Quiero ver a mis padres y...
-Yo también quiero ver a los míos- Le interrumpió Michael.
Raquel empezó a irritarse. No tenía ganas de tonterías con Michael después de que Mary se hubiera enfadado con ella.
-Mira, no hagas las cosas más difíciles- dijo Raquel intentando mantener la calma- ¿Qué quieres a cambio?
-Quiero ir a Encino.
Raquel arqueó las cejas a modo de interrogante.
-Oye, que yo también tengo familia- se quejó Michael.
-Está bien- dijo Raquel suspirando.
-¿Cuándo partimos?-preguntó Michael levantándose.
Raquel se encogió de hombros. Todavía tenía que saber si Mary quería ir con ellos, no iba a dejarla sola en Los Ángeles. Se acercó a la puerta del baño y dio unos golpecitos con los nudillos.
-Mary, sal por favor, no pretendía enfadarte.
Se escucharon unos cuántos ruidos dentro del cuarto de baño y al cabo de un rato salió Mary. Parecía avergonzada.
-Lo siento- susurró.
-Anda, no te enfades, ya encontraremos la forma de ir a Pontiac- dijo Raquel con calma.
Mary asintió distraídamente. Habían pasado varias horas desde el accidente con los muertos en la calle. Raquel no había, todavía, mostrado signos de estar infectada. Mary no se sentía ya tan preocupada. Se sintió como una tonta por haberse enfadado con Raquel, ella no tenía la culpa.
-Michael va a llevarme a Phoenix ¿Vienes?
-Claro, no os voy a dejar tirados, después de todo ¿Qué haríais sin mi?
Raquel sonrió:
-Eso mismo me pregunto yo.
-¿Cuánto tiempo piensas pasar allí?
-No lo sé ,quizás unos días.
-¿Cuándo partiremos?
-Mañana mismo, vamos chicos empecemos a preparar ya las cosas.- ordenó Raquel.
Las chicas empezaron a colocar la ropa encima de la mesa mientras Michael se daba una ducha. Cuando acabaron metieron las prendas en bolsas de basura, ya que no disponían de maletas. Llevarían solo lo necesario, unos abrigos y unas cuantas camisas.
En ese instante Michael salió de la ducha. Las chicas se quedaron mirándole, solo llevaba puestos unos pantalones ajustados y sobre su pecho se notaban unas pequeñas gotas de agua que le habían caído al tener el pelo mojado.
Michael se dio cuenta y miró a las chicas avergonzado.
Raquel desvió la mirada, pero el tener a un hombre tan atractivo en su propia casa vencía sus fuerzas.
-Será mejor que te abrigues mas o cojeras un resfriado- dijo la chica nerviosa.
-Si tienes razón, pero olvidé coger una camiseta limpia.
Entonces Raquel abrió una de las bolsas y le pasó una de las camisetas a Michael.
El chico se la colocó enseguida y le dio las gracias a Raquel.
-Bueno tengo hambre -dijo Mary mientras le ofrecía a los chicos unos refrescos que acababa de sacar de la nevera.- ¿Qué os apetece: comida enlatada, comida enlatada o comida enlatada?
-¡Anda desastre! Dejadme a mi que os prepare unos bocadillos.
Las dos chicas entraron en la cocina y se miraron con una sonrisa traviesa en la cara.
-Pero bueno, ¿este hombre pretende que me de un ataque al corazón o qué?- dijo Raquel mientras intentaba preparar los bocadillos.
-Es sexy eh- se burló Mary.
Raquel intentó fulminarla con la mirada, pero no pudo evitar reír al escuchar esas palabras, Mary tenia razón.

martes, 14 de septiembre de 2010

~ Capítulo 10 ~

Raquel se encontraba fuera del supermercado. El cielo estaba tan nublado que parecía de noche. Cómo no le cabían todas las latas en la mochila decidió llevar algunas en la mano derecha, mientras que con la izquierda sostenía una pistola por si uno de esos cadáveres andantes decidía saludarle.
Cuando se encontraba ya cerca de casa tropezó con un hombre que iba corriendo sin mirar a dónde iba, lo que produjo que a Raquel se le cayeran algunas latas.
-¿Aquí todo el mundo se ha vuelto loco?- farfulló.

Entonces cuando se agachó para cogerlas vio unos zapatos bastante sucios y rotos. Levantó la vista y vio a un vagabundo que parecía estar muy asustado. Éste no dijo nada y siguió corriendo, entonces Raquel vio unos cuántos muertos que se dirigían hacia ella. Agarró la pistola con fuerza y se levantó de un salto. La chica se quedó observando unos segundos aquellos horrendos rostros.
Daba miedo la manera en que se movían. Eran demasiados, a la chica entonces no se le ocurrió otra cosa que huir. Pero en ese instante, por la espalda, alguien la atacó agarrándola por el pelo. La pistola cayó al suelo . El único arma que le quedaba a la chica era su cuerpo. Raquel recordó vagamente las clases de kárate que dio de pequeña. Agarró los brazos de su contrincante y lo tiró al suelo. Aquel monstruo permaneció unos instantes en el suelo, como desorientado. La chica aprovechó para huir, se dio la vuelta y entonces se vio rodeada de unas cuatro bestias malolientes. Era imposible salir viva de aquella pelea. Cuando salio corriendo en la otra dirección tropezó con otro zombie que estaba a su espalda y la agarró del brazo.


Mary se asomó por la ventana de nuevo y lo que vio le preocupó. No se lo pensó dos veces y salió corriendo escaleras abajo hasta salir a la calle. Michael vio cómo ésta salía disparada hacia abajo y se asustó. Corrió hasta la ventana y miró. Lo que vio lo dejó alucinado.
Mary vio la pistola en el suelo, la cogió y pudo disparar a dos de los muertos vivientes. Justo en ese instante, se le agotaron las balas y uno de los monstruos se acercó a ella. Se quedó paralizada. El muerto se acercaba cada vez más, entonces Raquel, que estaba herida, le golpeó en la cabeza con una lata de conserva. Antes de que el ser que quedaba lograra alcanzarlas, las chicas huyeron a todo correr.
Las dos entraron en el piso. Mary colocó a Raquel con cuidado en una de las camas mientras que Michael, que había estado observando por la ventana en todo momento, iba en busca de el botiquín.
Raquel tenía unos cuantos arañazos en la cara, aunque no parecían muy graves, tenía un corte con bastante mala pinta en el abdomen, y no paraba de sangrar. Tenía toda la ropa ensangrentada aunque parte de la sangre también provenía de los zombies. Esto preocupó a Mary, y deseó con todas sus fuerzas que la sangre de esos seres no hubiera entrado en contacto con las heridas de Raquel. La curó lo mejor que pudo, Raquel no dejaba de quejarse. Entonces Mary se dispuso a colocarle ropa limpia a Raquel, y tiró la que tenía anteriormente puesta.
Sabía que Raquel se iba a enfadar, porque era su camiseta preferida, pero estaba empapada de sangre y muy rasgada. Michael observaba la escena, asustado.
En ese momento, alguien aporreó la puerta.
Mary que estaba ocupada con Raquel no podía abrir, así que le hizo un gesto a Michael para que fuera. Michael miró a través de la mirilla.
-¿Quién es?- susurró Mary.
-Eeeh... No sé - Michael dudó unos instantes- Es un hombre pero está muy oscuro.
Mary fastidiada se dirigió a la puerta y echó un vistazo por la mirilla. Se podía ver la silueta del señor Johnson en la oscuridad del portal. Mary puso los ojos en blanco y giró el pomo de la puerta. Nada más abrir la puerta lo que se suponía que era el señor Johnson se abalanzó contra Mary. Ésta lo esquivó a tiempo, provocando que el ser chocará con un mueble.
Mary corrió a por su pistola, que se encontraba en la mesa. Entonces el señor Johnson se levantó y esta vez cargó contra Michael que estaba paralizado de miedo que tenía. Michael gritaba mientras sujetaba al ser por los brazos, impidiendo así que éste le mordiera. Tenía el rostro completamente destrozado, era una visión bastante desagradable. Entonces Mary le disparó en la cabeza, quedando Michael libre y, además muy afectado.
-¿Estás bien?- le preguntó Mary.
Michael no dijo nada. Estaba muy pálido, no tenía buen aspecto. Se dirigió al baño y cerró la puerta tras de si. Mary se quedó parada mirando el cadáver en el suelo, pensativa. Escuchó cómo Michael vomitaba tras la puerta del baño.
Mary se dispuso entonces a limpiar todo ese desastre. Arrastró el cadáver como pudo hasta el portal y lo dejó tirado en el rellano de la escalera. Entró en casa y cogió un cepillo de dientes y con agua y jabón comenzó a intentar limpiar las manchas de sangre de la moqueta. Raquel la observaba preocupada desde la cama.
-Estoy preocupada por mis padres- dijo.
Mary levantó la vista un momento.
-Seguro que están bien- dijo volviendo a lo suyo, aunque ella también estaba preocupada.
-Eso no lo sabes.
Mary la miró con el ceño fruncido.
-¿Y qué?- dijo desviando la mirada y restregando el cepillo de dientes en la moqueta.
-¿Qué? ¡Son mis padres!
-¡Mierda, las manchas de sangre no salen!- dijo Mary haciendo caso omiso y tirando con rabia el cepillo de dientes al suelo.
-Te estoy hablando en serio, necesito verlos y...

-Yo también tengo padres ¿Recuerdas? - La interrumpió Mary- Pero ¿Qué quieres que hagamos? No podemos hacer nada ahora.
Raquel no dijo nada, parecía molesta. Mary entonces recordó lo que hacía un momento había pensado ¿Estaba Raquel infectada? ¿Cuánto tardaría entonces en desarrollarse la enfermedad? Entonces tuvo miedo. En ese momento salió Michael del baño, con peor aspecto del que tenía cuando entró. Mary se levanto del suelo y se acercó a él.
-Tenemos que hablar- le susurró. Michael la siguió hasta la cocina.
-Creo que Raquel puede estar infectada.
-¿Y qué quieres que le haga yo?- dijo Michael angustiado- Estoy harto de todo esto.

-Oye, no te pongas así, sólo quería saber si tienes alguna idea.
Michael no dijo nada.
-Supongo que tendremos que esperar- añadió Mary.
Michael bufó y salió de la cocina. Miró con miedo a Raquel y se sentó lo más alejado que pudo de ella. Ella lo miró desconcertada.
-¿Estás bien?- le preguntó.

 Michael asintió, aunque era evidente que no lo estaba. Raquel se levantó con dificultad y fue a la cocina donde Mary se encontraba preparando un té.
-¿Qué haces? Vas a hacerte daño- dijo Mary al verla entrar por la puerta.
-No, estoy bien- dijo Raquel sacando las latas de conserva de su mochila, que por cierto, muchas de ellas se habían quedado en la calle.
 

-Me voy a ver a mis padres.

jueves, 9 de septiembre de 2010

~ Capítulo 9 ~

-Oh dios mío- susurró Raquel frotándose los ojos.
-¿Qué ocurre?- preguntó Mary acercándose a la ventana.
Cuando miró a la calle se quedó tan atónita como Raquel. En la acera de en frente había un hombre. Esto no tendría nada de extraño no ser porque al hombre le faltaba un brazo, de hecho, parecía que se lo habían arrancado de cuajo, muy recientemente además. Éste estaba empapado debido a la lluvia y estaba gimiendo y golpeando la con fuerza la puerta trasera del supermercado, de ahí el incesante ruido metálico.
-¡Por dios Mary, ese hombre necesita ayuda!- exclamó Raquel al cabo de un rato, dirigiéndose a la puerta y poniéndose el abrigo encima del pijama.
Michael observaba a las chicas con curiosidad e intentaba erguirse para echar un vistazo a través de la ventana. Sus esfuerzos eran inútiles.
-Voy contigo- dijo Mary cogiendo su abrigo también.
-No, mejor quédate con Michael.
-Oh vamos, si se escapa lo veremos salir, no vas a bajar ahí tú sola.
Raquel asintió y suspiró.
-Anda, vamos- dijo cogiendo las llaves.
Mary, que tenía un mal presentimiento, abrió el armario y cogió un bate de béisbol que guardaba desde hacía tiempo. No le había encontrado utilidad hasta entonces. Raquel la interrogó con la mirada.
 -Podría ser útil- dijo Mary encogiéndose de hombros.
Raquel puso los ojos en blanco y salió por la puerta.
Ambas bajaron deprisa las escaleras. Salieron a la calle y se acercaron a donde se encontraba el hombre. Éste permanecía de espaldas dando golpes en la puerta.
-¿Quiere que llame a una ambulancia, señor?- balbuceó Raquel.
El hombre se detuvo, pero no se volvió. Mary frunció el ceño. Olía muy mal, como a podrido. Raquel se disponía a decir algo más cuando el hombre se dio la vuelta. Entonces se percataron de que no era un hombre, ya no. Parecía tener media cara podrida, además le faltaba un ojo. Las chicas se quedaron petrificadas de horror. La criatura hizo una mueca horrible, dejando así ver sus dientes sarrosos. Entonces lanzó un gemido ensordecedor, provocando que varios dientes se salieran de su boca, acompañados de lo que parecía saliva y sangre. Entonces ocurrió todo muy rápido. La criatura se abalanzó contra Raquel, pero antes de que pudiera tocarla, Mary reaccionó y le golpeó fuertemente con el bate en el cráneo. Éste se desplomó en el suelo haciendo un ruido sordo y salpicando sangre por todas partes.
Ambas se quedaron un rato paradas, bajo la lluvia, con la respiración agitada, esperando que se les pasara el susto. Esperaron en vano.
-¿Estás bien?- le preguntó Raquel a Mary que estaba muy pálida. Le había salpicado sangre hasta en la cara, y su abrigo estaba todo manchado. Raquel también tenía su ropa manchada de sangre.
-Joder- dijo Mary al cabo de un rato mientras intentaba limpiarse la cara con las mangas el abrigo-¿Qué coño era eso?
Raquel no dijo nada. Ambas se fueron de vuelta al piso. Cuando Michael las vio entrar se quedo asombrado. Ambas estaban pálidas y asustadas, sus ropas estaban hechas un desastre. Mary todavía tenía rastros de sangre en la cara.
-¿Qué ha pasado?- preguntó algo asustado.
Mary lo miro de reojo mientras se quitaba el abrigo.
-No vas a creerlo- dijo.
-Inténtalo.
Mary se sentó en el sofá frente a Michael. Se pasó la mano por el cabello y suspiró dramáticamente. -Abajo nos hemos encontrado con un zombie amigo tuyo y nos hemos montado un bailecito. Michael la miró molesto.
-Que te den- dijo.
-Es verdad, pregúntale a Raquel- dijo Mary y se dirigió al baño. Esperaba que meterse un poco con Michael la haría sentir mejor. Pero no era así.
-Raquel voy a darme un ducha- dijo.
-Avisa cuando acabes.
Raquel estaba sentada en una de las camas. Estaba todavía pálida.
-¿No vas a contármelo tú tampoco? ¿Habéis matado a alguien?- Dijo Michael asustado.
-No Michael, no ha pasado nada- dijo ella casi sin hacerle caso, pues estaba sumida en sus pensamientos.
No podía parar de reproducir mentalmente la escena una y otra vez. Michael farfulló algo que Raquel no pudo oír, pero le daba igual. En esos momentos todo le daba igual, incluso Michael.
-Pero...- Michael se disponía a formular otra pregunta pero Raquel lo interrumpió.
-Mira, déjame ya- dijo malhumorada- Acabo de ver algo horrible y no tengo ganas de hablar contigo ¿Vale?
Michael parecía molesto. No volvió a mencionar el tema.

Aquella mañana el cielo estaba muy nublado. Demasiado. Raquel iba de aquí para allá preparando su mochila y vistiéndose. Las dos estaban muy cansadas. La noche anterior no habían pegado ojo.
-Parece que va a llover otra vez- dijo Mary corriendo un poco la cortina.
Raquel que ya se había vestido tomó el paraguas.
-Tendré que dar dos viajes- dijo mirando el interior de la mochila
- No creo que pueda llevar toda la compra yo sola. Suspiró y se fue cerrando la puerta con llave.
Mary que todavía estaba en pijama se sentó en el sillón y cogió la radio. La mayoría de las emisoras no se escuchaban, y en las pocas que si, no hacía más que hablar de los nuevos habitantes de la Tierra: los muertos vivientes. No decían nada que no supieran ya. Se puso muy nerviosa entonces. Era evidente que sus planes no habían salido como esperaba. Todos estaban muy ocupados hablando sobre esa desastrosa situación ¿Quién iba a preocuparse por Michael Jackson ahora? Entonces se preguntó ¿Qué iban a hacer con Michael entonces? ¿Qué iba a pasar con esos monstruos sueltos por la calle? ¿Iba a acabar todo así?
Intentó no pensar en ello. Siguió pasando las emisoras y sintió que Michael la observaba. Mary lo miró malhumorada. Éste rápidamente desvió la mirada incómodo. Mary se puso más nerviosa entonces. Volvió a concentrarse en la radio.
-Parece que se han olvidado de ti, Jackson- dijo finalmente apagándola.
Michael ignoró el comentario.
-Quiero mi ropa ¿Está ya limpia?-dijo molesto.
Mary lo miró fastidiada y se dirigió a la cocina. Raquel la había dejado encima de la lavadora. No estaba muy bien planchada, pero tendría que aguantarse. Se la llevó a Michael, lo desató y le dejo entrar al baño.

No había mucha gente en el supermercado. Seguramente todos había hecho la compra el día anterior. Además sólo había dos empleados. Uno de ellos estaba atendiendo a una señora en la caja, el otro paseaba nervioso con una escopeta en sus manos. Raquel entró por la puerta y tuvo que taparse la nariz al pasar junto a un cadáver de una mujer que yacía en el suelo. Tenía un orificio en la frente, le había disparado.
-Era uno de ellos- dijo nervioso el empleado de la escopeta al ver a Raquel que lo miraba horrorizada. Ella asintió e intentó sonreír, pero no le salió. Se dirigió rápidamente al interior del supermercado y cogió una cesta que empezó a llenar de comida enlatada.

Mary se asomó a la ventana. Vio a uno de esos seres deambulando cerca de la basura. Se movía de forma descoordinada y algo lenta, sin embargo no era tan lento como Mary hubiera deseado. Al rato salió Michael del baño con su camisa color rojo toda arrugada. Miró malhumorado a Mary que seguía mirando por la ventana y se sentó en la silla.
-¿No vas a atarme?- preguntó Michael poniendo los ojos en blanco al ver que ella no le hizo ni caso.
Mary, que en realidad no se había percatado de su presencia, dio un respingo y se volvió para mirarlo.
-No- dijo con calma.
Michael la miró confuso.
-No vas a escaparte hoy- siguió Mary- No creo que te atrevas a salir a la calle tal y como está.
Michael frunció el ceño. Estaba más confuso todavía. Mary le hizo un gesto para que se acercara a la ventana. Éste obedeció y miró. Entonces se quedó boquiabierto. Había unos cuantos coches aparcados en la calle, todos estaban completamente destrozados. El muerto que Mary había visto cerca de los contenedores, ahora estaba intentado entrar en uno de ellos. Quizás quedaba alguien dentro. El ser gimoteaba y golpeaba el coche con insistencia, cortándose con los cristales que quedaban una de las ventanillas. Parecía no sentir dolor alguno. Michael siguió mirando la calle incrédulo. Había sangre en la acera y se percató del cadáver con el que se habían encontrado las chicas la noche anterior. Seguía boca abajo en el suelo, como tenía que ser. Michael se apartó de la ventana y se pasó la mano por el cabello. Parecía estar conmocionado.
-Así que es cierto lo que dicen en la radio- susurró nervioso al cabo de un rato.
Mary asintió.
-Anoche nos encontramos con uno de ellos- añadió.
Michael no dijo nada. Se sentó en la silla y se pasó las manos por el rostro:
-¿Qué va a pasar ahora?
-No lo sé.

domingo, 29 de agosto de 2010

*INCISO*

Hola, soy Raquel Jackson Moonlight . Quería avisaros de que en unos días (quizás más de una semana) no vamos a poder subir nuevos capítulos porque voy a estar fuera y Mary y yo no vamos a poder organizarnos para seguir con la historia. Pero en cuanto regrese seguiremos escribiendo.

Espero que os guste ^^ gracias por los comentarios y por leer la historia claro.

(Ahora que no estoy, podeis darle la lata a Marya Lynn Jackson ) jaja era broma!!

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS MICHAEL!!!!

~ Capítulo 8 ~

- Anda ya, no seas tan negativa, no te pongas así por un número de teléfono.
Raquel se levantó y se dirigió a la otra sala, miró a todos lados hasta que encima del sillón encontró lo que buscaba, la mochila de Michael. La abrió y sacó el teléfono móvil.
Mary salió de baño y miró a Raquel:
-¿Qué haces?- dijo mientras se secaba las lágrimas.
Raquel le sacó la lengua y con una sonrisa le mostró el teléfono de Michael.
Entonces Mary se acercó a ella y ansiosa le quitó el teléfono de las manos:
- No tiene batería- dijo mientras abrazaba a Raquel y empezaba a llorar de nuevo.
- Tonta, deja de llorar ya. Seguro que encontramos algún cargador que le sirva a este móvil. Pero mejor mañana, ya es un poco tarde.
- Pero Raquel…ya no es por el teléfono, es por todo, mira lo que hemos hecho.
- ¡Saldremos de esta, ya lo verás!
Al poco tiempo después, las chicas se encontraban sentadas en una de las camas mientras ojeaban algunos periódicos y escuchaban la radio:
‘‘…vamos a tener unos días tormentosos en Los Ángeles y sus alrededores…’’
- Aquí no hay nada de Michael, tan solo lo que ya sabemos.
-Ya…
- ¿Me vas a decir que te pasa hoy?- dijo Raquel visiblemente preocupada.
Mary notó como se le volvían a llenar los ojos de lágrimas. Raquel la miró confundida:
-¿Por qué estás así?
- Mis padres…me han enviado una carta. Dicen que no vendrán si yo no quiero verlos. Y que no saben muy bien el motivo por el que me marché de casa…
Raquel se quedó un rato en silencio mirando al frente:
-¿Y qué vas a hacer?
-Necesito verles, pero quizás ahora no sea el momento adecuado.
-Tienes razón…sabes, te confieso que el otro día estuve a punto de pasarme por mi casa y ver a mi familia.
-¡Jajaja! Cómo si no hubiese pasado nada ¡eh!
Las dos chicas rieron juntas un buen rato. Pero el silencio regresó cuando escucharon un trueno que había sonado muy cerca y se fue la luz..
Raquel se levantó y se dirigió como pudo hasta la cocina en busca de unas velas. Con ayuda de un mechero al que le quedaba poca vida encendió unas cuantas. Cuando regresó al salón se llevó un susto enorme al ver que en la silla donde debería encontrarse Michael no había nadie. Mary vio su cara de espanto y acto seguido dirigió la mirada hasta la silla de Michael.
-¡No puede ser!- gritaron las dos al unísono.
-Vamos, Mary busca en el baño, yo buscaré en el resto de estancias.
Mary y Raquel miraron por cada rincón de la casa pero no había rastro de Michael. Entonces abrieron la puerta y salieron corriendo escaleras abajo. Con las prisas una de las chicas se tropezó, lo que produjo que la que iba delante te cayese también rodando escaleras abajo.
- ¿Estás bien?- dijo Mary casi sin voz.
- Nunca he estado mejor- contestó Raquel con sarcasmo- Corramos, no puede haber ido muy lejos.
Salieron al exterior, estaba lloviendo más que nunca y encima ya era bastante tarde. Miraron de derecha a izquierda, pero con la lluvia apenas se podía ver nada. Hasta que se dieron cuenta de que uno de los árboles se movía más de lo normal.
Las chicas se miraron al mismo tiempo y asintieron con la cabeza. Entonces cada una corrió por un lado del árbol y tiraron al suelo a su objetivo, le dieron la vuelta pero sus caras se vieron otra vez envueltas de horror al ver que no se trataba de Michael, sino de uno de sus vecinos que intentaba coger su paraguas que se le había enganchado en aquel árbol.
-Lo sentimos mucho señor- dijo Mary mientras comenzaba a correr otra vez.
Siguieron corriendo en la misma dirección , entonces sí, vieron la silueta de un hombre que se encontraba bastante lejos, pero inconfundiblemente era Michael. Estaba corriendo y las escuchó, se dio la vuelta para verlas mejor y entonces se tropezó con un contenedor de basura. Lo que produjo que volcara y todos sus restos cayeran encima de Michael dejándolo inmovilizado.
-¡Ahora!- gritó Raquel.
Las chicas aceleraron el paso hasta llegar donde se encontraba Michael. Lo cogieron como pudieron por el brazo y le obligaron a ir de vuelta al piso.
-¡Mira lo que has hecho! ¡Y encima apestas!- gritó Mary mostrando su enfado.
-Por suerte está lloviendo y no hueles tan mal- dijo Raquel burlándose de él.
Los tres llegaron a casa y empujaron a Michael contra la silla.
- Quítale la ropa- ordenó Mary.
-¿Qué?
-Que le quites la ropa, o déjalo, que lo haga él. Pero si hay algo que tengo claro es que no voy a dejar que esta peste inunde nuestra casa.
-No gracias, puedo yo solito- intervino Michael malhumorado.
-Pues ve y date una ducha- le dijo Raquel mirándolo de reojo.
-¿Y qué ropa me voy a poner entonces?
-No hace falta que te pongas ropa- dijo Mary y soltó una carcajada.
Michael la miro inexpresivo.
-Oh vamos, Era una broma- dijo Mary poniendo los ojos en blanco. Abrió el armario y se puso a buscar algo que le sirviera. Estaba todo revuelto y desordenado. Al cabo de un rato dió con lo que buscaba. Un pijama que había comprado hace tiempo, pero le quedaba tan grande que sólo usaba la parte de arriba, a modo de camisón. Seguro que a Michael le iría bien. Busco el pantalón y se los dió.
-¿Tengo que ponerme esto?- dijo con cara de asco.
-Oye no te pongas tiquismiquis, por lo menos no huele mal.
Michael suspiró y se metió en el cuarto de baño.
Mary y Raquel empezaron a recoger los trozos de cinta adhesiva del suelo. Ésta problamente se había despegado provocando que Michael escapara de nuevo.
-Vaya una mierda de cinta adhesiva, no sé con qué lo vamos a atar ahora- se quejó Mary.
Raquel se encogió de hombros y encendió la radio.

"... es una situación demasiado grave, este virus que a afectado a millones de personas en todo el mundo y que se extiende tan rápidamente. El gobierno recomienda permanecer en casa y reunir suministros a espera de novedades, ya que por ahora no se ha encontrado cura alguna. Los infectados son seres muy peligrosos, se recomienda precaución, únicamente mueren por un golpe en la cabeza, si usted tiene la mala suerte de encontrarse con alguno, ya sea un desconocido o miembro de su familia, no dude en neutralizarlo. Ya no son seres humanos."

Raquel y Mary se miraron asustadas.
-Oh dios, cuando salí a dar una vuelta y entré en una cafetería, hablaban de lo mismo en la televisión, pero no dieron tantos detalles...- dijo Mary confusa.
-Mañana tendremos que ir a comprar, si es tan grave como dicen tendremos que quedarnos en casa durante una temporada- dijo Raquel.
Mary asintió. Entonces salió Michael del baño. Parecía avergonzado. Raquel cogió la ropa sucia de Michael y la llevó a la cocina para lavarla, mientras Mary se ocupaba de atarlo a la silla con sábanas otra vez.
Las chicas se disponían a irse a la cama cuando oyeron un fuerte ruido, proveniente de la calle. Sonaba como si estuvieran golpeando un metal. Raquel, curiosa, se acercó a la ventana y echó un vistazo. Y entonces lo que vió la horrorizó.

sábado, 28 de agosto de 2010

~ Capítulo 7 ~


Mary abrió la puerta del bloque y salió al exterior. El frío de la noche le azotó el rostro. Introdujo las manos en los bolsillos de su abrigo, para calentarlas y comenzó a caminar calle abajo. Sintió el tacto de un papel en uno de sus bolsillos. Hacía una semana que había recibido la carta. No la había abierto todavía. Tenía miedo de hacerlo. Sacó el sobre del bolsillo y lo observó, mientras seguía caminando. Se la mandaban sus padres desde Michigan ¿Cómo habían averiguado su dirección? Todavía no se lo había dicho a Raquel. Cuando la leyera quizás se lo diría.
Pasó al lado de un bar que tenía una gran cristalera, junto a la puerta de entrada. A través de ella se veían unos cuántos clientes, no muchos, tomando un tentempié. Mary se quedó parada mirando a esa gente a través del cristal. Los envidiaba. Ellos no tenían ese tipo de preocupaciones. Y sintió miedo. Miedo de lo que sabía y de lo que había hecho. Entonces se fijó en una televisión en la pared, justo en frente. Daban los informativos en esos momentos. En la televisión apareció por un momento el rostro de Michael, entonces supo sobre qué estaban informando. Mary dio un respingo y se precipitó hacia la puerta. Una campanita sonó cuando la abrió. Se quedó parada en la entrada mirando la televisión con atención.
"... la policía no tiene nuevas pistas, en estos momentos se encuentran en un callejón sin salida, hay supuestos testigos que tienen distintas versiones y..."
Tan distraída estaba mirando la televisión que no se dio cuenta de que las pocas personas que se encontraba en el establecimiento la miraban curiosos. Y ella seguía allí, junto a la puerta.
Un hombre de poblado bigote que estaba lavando unos vasos detrás de la barra la miró con el ceño fruncido.
-Disculpe señorita, si quiere ver la televisión deberá tomar algo- dijo de mala gana.
Ella dio un respingo y miró con timidez a su alrededor. Se metió una mano en el bolsillo y vio que llevaba algo de dinero.
-Oh, lo siento, póngame un café solo- dijo mientras se sentaba en una mesa , en un rincón del local, sin perder de vista la televisión.

Raquel miró con asco las gachas que había preparado Mary para Michael. No le extrañaba que no quisiera comérselas, tenían una pinta horrible, pero más horrible era su sabor. Miró a Michael nerviosa. Él la miró y sonrió burlón.
"Dios mío, lo sabe" pensó Raquel horrorizada "sabe que me gusta"
Desvió la mirada incómoda y se dirigió a la cocina para tirar las gachas a la basura. Cuando volvió al dormitorio Michael seguía mirándola.
-Deja de mirarme ¿Quieres?- dijo ella irritada.
-¿Te incomoda?- dijo él riéndose entre dientes.
La actitud de Michael hacia Raquel era completamente distinta a la que te tenía hacia Mary. A Mary parecía tenerle miedo, en cambio Raquel le era indiferente.
-No- dijo Raquel, aunque el rubor de su cara indicaba lo contrario- ¿Quieres que te prepare otra cosa o prefieres morirte de hambre?
Michael, que en realidad estaba hambriento, negó con la cabeza.
-No quiero nada tuyo- dijo.
Lo que dijo le dolió un poco a Raquel. Suspiró y se volvió a la cocina. No pensaba dejar que se muriera de hambre, así que no le hizo caso y preparó un sándwich. Volvió al dormitorio y se lo mostró a Michael.
-Se que tienes hambre- le dijo cogiendo una silla y sentándose en frente de él.
-Me lo como si me sueltas- dijo Michael.
-Siempre esperas a que no esté Mary para que te suelte- dijo Raquel irritada- Porque ella no te suelta casi nunca, y cuando lo hace no te pierde de vista, y crees que soy tan tonta que voy a dejar que te escapes de nuevo. No caerá esa breva.
-No voy a escaparme, de verdad- dijo él inocentemente- Te lo prometo.
-Que te he dicho que no.
-No voy a dejar entonces que me lo des tú, tengo manos y se usarlas- dijo Michael y la expresión inocente de su rostro se tornó peligrosa.
Raquel que no lo había entendido, la miró confundida.
-Además se me ocurre que podríamos hacer, ya sabes, algo- añadió él y se mordió el labio.
Raquel era una chica muy guapa, pero a Michael no le atraía. Simplemente se estaba aprovechando de su debilidad.
Raquel enrojeció hasta la raíz del cabello. Hacía mucho que no se sentía tan avergonzada. Por un momento pensó que él estaba en serio y tuvo el impulso de soltarlo. Pero entonces cayó en la cuenta. Él sólo se estaba burlando de ella. Y se enfureció.
-¡¿Pero qué te has creído?!- gritó ella- Se que antes nos has escuchado hablar a Mary y a mi, pero ella se equivoca, y ¡Tú también te estás equivocando! Si no quieres comer, genial, muérete de hambre.
Se fue a la cocina dando zancadas y dejó el sándwich sobre la encimera. Estaba claro que Michael no se lo había creído ¿Tanto se le notaba? Respiró hondo y decidió intentarlo otra vez. Tomó el sándwich y se paró en el umbral de la puerta.
-Por última vez ¿Lo quieres o no? No voy a prepararte nada más por hoy.
Michael se encogió de hombros. Ella le dio un bocado al sándwich y añadió.
-Se te está acabando el tiempo, ¿Te ha comido la lengua el gato?
Él volvió a encogerse de hombros.
-Anda, dámelo- añadió suspirando finalmente.

Mary miraba la televisión con atención mientras tocaba con las dos manos la taza de café, que estaba muy caliente. Al parecer la policía no tenían nuevas pistas, eso estaba bien. Sin embargo había varios testigos que coincidían en haber visto a Michael acompañado de dos jóvenes muchachas. Eso la preocupó. A continuación siguieron informando sobre esa extraña enfermedad que tenía a todos tan preocupados. Al parecer, ya se había dado casos en Europa y Estados Unidos y ya estaban empezado a evacuar gente. Mary sintió un escalofrío. Ya tenía bastantes preocupaciones.
Entonces volvió a sacar la carta de su bolsillo y la observó de nuevo. Cuanto antes la leyera, mejor. Abrió el sobre con cuidado y comenzó a leerla. Reconoció la esmerada caligrafía de su madre y entonces se le llenaron los ojos de lágrimas. Eran muchos los malos momentos que había pasado con ellos, pero también los había buenos. En la carta no le decían gran cosa, que la echaban de menos, que no comprendían bien por qué se había marchado y que deseaban que regresara. No decían cómo habían conseguido su dirección, sin embargo le aseguraban que no la visitarían a menos que ella quisiera. En parte sintió un gran alivio. Mary era más joven cuando se marchó de casa y ahora que lo recordaba, no debió hacerlo. Ellos sólo querían lo mejor para ella. Pese a que los extrañaba, no podía abandonar a Raquel. No podía. Cuando acabaran con el asunto de Michael, si no las pillaban, ya tendría tiempo de pensarlo. Entonces deseó no haber raptado a Michael ¿En qué demonios había estado pensando? Y tuvo la impresión de que todo iba a salir mal. Era Michael Jackson. Saldrían malparadas. Sin embargo a esas alturas no podían echarse atrás. Intentó no pensar más en ello. Introdujo la mano en el otro bolsillo y sacó el papelito en el que había apuntado el número de teléfono de los padres de Michael. Era hora de que los telefoneara, con un poco de suerte la creerían.
Pidió la cuenta y se marchó. Entró en una cabina y marcó el número. Tras esperar un momento, una voz femenina le informó de que el número marcado no existía. Con la esperanza de que quizás se había equivocado al marcarlo, volvió a llamar. Pero nada. Entonces se enfureció. Seguramente Michael se había inventado el número. Salió de la cabina echando humo y se apresuró a llegar al piso.

Raquel estaba tranquilamente leyendo un periódico, ya acostada en su cama. Michael ya se había quedado dormido en la silla.
De pronto Mary entró por la puerta y pegó un fuerte portazo. Estaba hecha una fiera.
-¿Qué demonios te ocurre? ¡Vaya susto me has dado, vas a despertar a Michael!- exclamó Raquel.
-¡Que se despierte, es lo que quiero!- gritó Mary y comenzó a zarandear a Michael para que despertara. Éste abrió los ojos sobresaltado.
¡Me diste un número de teléfono falso!- volvió a gritar sin dejar de zarandearlo- ¡Dame el verdadero ahora mismo! ¡Eres un...!
Raquel cogió a Mary del brazo y tiró de ella.
-¡Baja la voz, nos van a escuchar los vecinos- dijo.
Mary asintió y suspiró. Se volvió para mirar a Michael y lo fulminó con la mirada.
-¡Te di el teléfono correcto, te lo juro!- dijo él asustado.
-Estás mintiendo, no existe ese número- replicó Mary, ya más calmada. Sin embargo seguía mirándolo con los ojos desorbitados.
-Lo habrán cambiado, cambian de teléfono muy a menudo- dijo él nervioso y hablando muy deprisa- Mis fans a menudo dan con su número, esperando así contactar conmigo.
Lo que decía Michael tenía sentido. Mary bufó y se metió en el cuarto de baño pegando un portazo. Se sentó en el suelo, en un rincón de la pequeña habitación y empezó a llorar.
Raquel permanecía de pie junto a Michael. Ambos estaban confusos, escuchando cómo Mary sollozaba dentro del baño. Raquel suspiró y se dirigió al baño. Abrió la puerta y vio a Mary en el suelo tapándose la cara con las manos.
-¿Crees que Michael dice la verdad?- le preguntó Raquel.
Mary asintió sin dejar de sollozar. Raquel suspiró.
-¿Por qué lloras?- dijo cerrando la puerta y sentándose en el suelo junto a ella.
Después de un rato, Mary se calmó un poco y dijo:
-Porque estamos perdidas, Raquel.

jueves, 26 de agosto de 2010

~ Capítulo 6 ~

Raquel se quedó sorprendida:
-¿Qué estás diciendo? ¡Déjate de tonterías Mary !
-¡Oh, vamos Raquel, si se te nota a tres leguas, te quedas embobada mirándole, te gusta!
-¡¿Qué?! Mira paso de discutir contigo, me voy a dar una vuelta - dijo mientras abría la puerta.
Mary la miró con cara de arrepentimiento y le agarró del brazo:
-¡Raquel, no te pongas así!

Entonces Raquel dio un manotazo para que Mary la soltara y cerró de un portazo.
Mary se quedó pensando en lo que había dicho. No podía imaginarse que su amiga, una persona que hace unos días ignoraba a Michael ahora se estuviese enamorando de él.
Escuchó a Michael reírse a sus espaldas, entonces le miró de mala manera:
-¡¿Te hace gracia?! porque a mí no.
Entonces Michael borró esa sonrisa de su cara y agachó la cabeza.

Raquel fue caminando con la cabeza agachada y las manos en los bolsillos por una de las solitarias calles de la ciudad, hasta que se cruzó con una pareja de jóvenes agarrados de la mano. Rápidamente la imagen de Michael le vino a la cabeza. Recordó como se quedó observándole la otra noche, cuando dormía parecía tener la inocencia de un niño, un rizo le cubría parte de la frente, su suave respiración se escuchaba en la estancia, se le veía tan dulce, tan…
Raquel sacudió la cabeza, ¡No podía ser, Mary tenía razón, se estaba enamorando de él!
Necesitaba despejarse y estuvo caminando hasta llegar a un parque por el cual hacía ya bastante tiempo que no pasaba. Se sentó bajo la sombra de un árbol y miró a su alrededor. Había una pequeña laguna y a su orilla un grupo de niños jugando felizmente. Empezó a recordar lo fácil que era todo cuando era una cría, no tenía que preocuparse por nada, su madre le daba todo lo que deseaba. Ahora tenía que apañárselas ella sola con la ayuda de Mary, tenía que vivir en un pequeño piso y estar constantemente huyendo de la policía. Pero esa es la vida que le esperaba, ya no podía volver atrás, aunque necesitaba ver a su madre, saber algo de ella, de sus hermanos, no sabía si era lo correcto, ya que se había marchado hace mas de dos años, si regresara a casa les haría mas daño, o por el contrario les haría mas felices y podría rehacer su vida… Sin darse cuenta, ante aquella brisa y ese ruido de los niños jugando y los pajarillos cantando se quedó dormida:

‘‘Alguien le acarició el pelo, se giró y allí estaba Michael, con esa sonrisa en la cara, esa que te hace que te caigas al suelo cada vez que la ves, esos labios carnosos que tanto deseaba, sus miradas se cruzaron y vio esos ojos oscuros, tan profundos y cargados de rabia, pero al mismo tiempo electrizantes, ardiendo al rojo vivo, le observó de arriba abajo, su cuerpo parecía estar moldeado por ángeles…empezaron a temblarle las piernas, entonces Michael posó su mano en su cintura, el rostro de Michael se le acercó más y más…’’

Raquel dio un respingo y se golpeó la cabeza contra el árbol. Tardó unos segundos en recordar donde estaba y qué hacía allí. Escuchó sonar su móvil. Era eso lo que la había despertado:
-¿Sí?- dijo mientras se espabilaba.
-¡Raquel, llevo un buen rato llamándote! - gritó Mary -¿Dónde estás?
- Dando un paseo y deja de gritarme.
-Estaba preocupada por ti, hace mas de cinco horas que estás fuera y yo aquí encerrada. Anda vuelve a casa ya que yo también necesito salir.
-Esta bien, pero no te pongas así mujer, hasta luego - dijo mientras le colgaba.
Raquel suspiró. Miró a su alrededor, ya estaba anocheciendo. Se preguntaba cuánto tiempo habría estado soñando con Michael, estaba aturdida y ese sueño le había confundido mas, se estaba volviendo loca.
Mientras caminaba hacia casa recapacitó, ¿Qué haría ahora? Decidió no volver a mirar a Michael a la cara nunca más, pero sabía que iba a ser difícil. La sirena de un coche de la policía le sacó de sus pensamientos. Se asustó y se escondió detrás de un automóvil que había aparcado cerca de dónde se encontraba ella. Sólo cuando la policía pasó se dio cuenta de la tontería que había echo y salió detrás de su escondite. Nadie la reconocería estando tan a oscuras. Siguió avanzando y observó que había una pared repleta de carteles. Se fijó en uno especialmente. Cómo no, era un cartel de Michael, en el se informaba sobre los próximos conciertos que el cantante debería dar por la ciudad. Raquel entristeció, no deberían haberle secuestrado pero necesitaban el dinero aunque era una locura. Comenzó a llover, entonces no tuvo mas remedio que apresurarse en llegar al piso. Mientras subía las escaleras escuchó a Mary gritar, entonces abrió la puerta y vio a Michael con la camiseta manchada y Mary a su lado con un plato:

-¡Por fin estás aquí!
-¿Qué es este desastre?- dijo al ver que el suelo estaba manchado de algún alimento.
- Pues no quería que nuestra mascota, Michael, se muriese de hambre- dijo Mary mientras sonreía.- Pero se niega a comer.
-No si ya veo, ya….
-Toma- dijo acercándole el plato- a ver si contigo quiere comer algo.
-¿Yo?
- No se lo decía a el sillón que hay tras de ti- dijo con sarcasmo.

lunes, 23 de agosto de 2010

~ Capítulo 5 ~

Estuvieron toda la noche vigilando a Michael, pese a que éste parecía estar muy cansado y casi no podía moverse de lo fuerte que lo habían atado, no se fiaban. Por la mañana los tres estaban agotados.

-Voy a salir a por unas cuantas cosas, te toca hacer de niñera otra vez- le dijo Mary riendo a Raquel mientras se ponía el abrigo.
Raquel suspiró molesta. Se sentía incómoda cuando se quedaba sola con Michael.
-No vayas a soltarlo a no ser que necesite ir al baño - siguió Mary- Pero si se te pierde, no olvides mirar en la ducha.
-Mira, ya vale, no soy tonta ¿Vas a seguir reprochándome lo de ayer? Un error lo tiene cualquiera.
Mary no dijo nada. Abrió la puerta y se marchó. Raquel fue a la cocina y se preparó una taza de café. Regresó al dormitorio y se sentó en el sofá. Michael dormitaba en su silla, no tenía buen aspecto. Todavía era muy temprano. Raquel dejó la taza sobre la mesa y se quedó un rato observando a Michael. Parecía estar tan incómodo, durmiendo sentado, con la cabeza echada sobre su hombro. Era tan guapo... parecía un ángel. Raquel frunció el ceño. "No, no es guapo y no me gusta" se dijo, intentando convencerse a si misma. Cogió la radio, para que se le fuera ese preocupante pensamiento de la cabeza. Cuando la encendió, Michael dio un respingo y abrió los ojos. Miró a su alrededor desorientado, cuando vio a Raquel y recordó su situación, frunció el ceño.
-¿Tienes hambre?- le preguntó Raquel- Ayer no comiste en todo el día.
Él negó con la cabeza.
-Quiero ir al baño.
Raquel lo miró de reojo.
-Si hombre, con el mal rato que nos hiciste pasar ayer.
-Entonces ¿Me lo hago encima?- dijo Michael desafiante.
Raquel suspiró. Dejó la radio encendida sobre la mesa, y se acercó a Michael. Lo desató y se volvió para dejar la taza de café en la cocina. Justo cuando iba a cruzar el umbral de la puerta de la cocina se percató de que no había oído a Michael cerrar la puerta del cuarto de baño. Se giró horrorizada al darse cuenta del error que acababa de cometer, y vio a Michael parado en el umbral de la puerta del baño. Estaba mirando la radio con tristeza.
"... la misteriosa desaparición de Michael Jackson nos ha dejado a todos perplejos, la policía está investigando, no se sabe si se trata de un secuestro o si el cantante ha decidido irse por voluntad propia. La policía no tiene pruebas salvo los contradictorios testimonios de algunos testigos: unos dicen haberle visto en una furgoneta negra aparentemente sin matrícula, otros juran haberle visto acompañado de dos muchachas..."
Lo que ocurrió a continuación fue muy rápido. Michael miró la pistola de Raquel que se encontraba en la mesa junto a la radio. Raquel también la miró y se dio cuenta de las intenciones de Michael. Ambos se miraron. Michael la miraba desafiante. La mirada de Raquel en cambio expresaba terror.
Raquel dejó caer la taza al suelo. Ésta se quebró. Los dos se abalanzaron contra la mesa, cogiendo la pistola a la vez.
- ¡Suéltala por favor!- suplicó Raquel.
Michael hizo caso omiso y siguió tirando de ella. Durante el forcejeo, la pistola se disparó sola, dejando un agujero en el sillón. Raquel palideció. Era el fin. Los vecinos habían oído el disparo, seguro, y el señor Johnson subiría a comprobar que todo estaba en orden. Ambos seguían tirando de la pistola cuando de improviso Michael la soltó. Esto hizo que Raquel se cayera de espaldas. la pistola se le soltó de las manos, metiéndose bajo el sofá. Michael aprovechó la confusión y corrió hacia la puerta de entrada, deseando que estuviera abierta. Raquel desesperada, con la espalda dolorida y sabiendo que Mary no había cerrado con llave la puerta al irse, se arrastró rápidamente como pudo hacia Michael y le agarró el tobillo. Éste cayó de boca, empezándole a sangrar la nariz. Se dio la vuelta rápidamente, ignorando el dolor, pero justo cuando iba a levantarse, Raquel se abalanzó contra él. Acabaron los dos en el suelo, Raquel encima de él, intentaba inmovilizarlo, pero él era más fuerte que ella.

Mary subía por la calle llevando unas bolsas. Había comprado unos cuántos alimentos y cinta adhesiva. Divisó una cabina telefónica a lo lejos y tuvo una idea. Entró en la cabina dejando la bolsas en el suelo. Descolgó el auricular y marcó el número de la policía. Un agente contestó al teléfono:
-Comisaría de policía - dijo de mala gana.
-Esto... hola - tartamudeó Mary nerviosa, entonces decidió que iría al grano- He secuestrado a Michael Jackson quiero que...
Le interrumpieron las sonoras carcajadas que se oían al otro lado del auricular.
-Mira chiquilla, no hemos parado de recibir llamadas parecidas a la tuya en todo el día, ve y dile a tu mamá de mi parte que te eduque mejor y que te enseñe que con estas cosas no se juega- Dijo el policía divertido.
No era la primera vez que la confundían con una niña hablando por teléfono.
-Está bien, se lo diré- dijo Mary con sarcasmo y colgó con un golpe.
¿Y ahora qué? Decepcionada, cogió las bolsas del suelo y se dirigió al piso. Tocó al portero, ya que tenía las manos ocupadas y no tenía ganas de sacar las llaves. Tenía esa costumbre. Esperó un ratito y nadie contestó. Entonces supo que algo iba mal. Sacó rápidamente las llaves y abrió la puerta. Corrió por el portal como una loca y se metió en el ascensor. Corrió hacia la puerta y la abrió.
Se encontró a Raquel y a Michael en el suelo. Michael estaba encima de ella agarrándole las manos, ella intentaba, en vano, arañarle la cara. Entonces se percataron de que Mary había llegado. Ambos la miraron sorprendidos, pero más sorprendida estaba Mary.
-Vaya sorpresa- dijo sacando su pistola y apuntando a Michael- No os puedo dejar solos. Anda y siéntate.
-Pero... en serio, tengo que ir al baño- dijo Michael tímidamente.
-¡Claro cómo estabas tan ocupado conmigo!- se quejó Raquel. Estaba furiosa.
-Anda, ve al baño y haz lo que tengas que hacer- dijo Mary con calma- Y lávate la cara, que te está sangrando la nariz y lo vas a poner todo perdido.
Mary y Raquel se quedaron solas en la habitación. Ninguna dijo nada.
-Me la ha jugado otra vez- dijo Raquel al cabo de un rato- No me lo puedo creer.
-La próxima vez vas a comprar tú y yo me quedo con él.
Entonces Mary le contó a Raquel que había hecho una llamada a la policía, ya que no tenían el número de teléfono de ningún familiar de Michael, algo tendrían que hacer.
- Mira, ya tendremos tiempo de pensar en eso- dijo Raquel- Tenemos otros problemas ahora.
Y señaló el sillón.
-La pistola se disparó- añadió- Y fijo que lo ha escuchado el señor Johnson, si no ha venido aún es un milagro.
Mary rió.
- Yo no preocuparía, ayer me lo encontré en el portal, llevaba muchas maletas y me dijo que se iba a Massachusetts a ver a sus nietos- dijo Mary y puso los ojos en blanco- Dijo que volvería en unos días. No veas como habla el viejo este.
Cuando Michael salió del cuarto de baño, lo volvieron a atar a la silla, esta vez con cinta adhesiva. Mary se sentó en el sofá frente a él.
-Verás, necesito el número de teléfono de tus padres ¿Serías tan amable de dármelo?
Mary conocía la respuesta.
- ¿Me has visto cara de tonto?- dijo Michael desafiante.
-Pues, no sé, déjame pensar- dijo Mary sonriendo. Sacó su pistola y le apuntó a la cabeza- ¿Me lo dirás ahora?
-No vas a dispararme- dijo él firmemente.
-¿Ah no?¿Y eso por qué?
-Porque me necesitáis vivo.
-Si no puedo pedir un rescate no me sirves para nada- dijo Mary fríamente.
Michael tragó saliva. No sabía si ella sería o no capaz de acabar con él. Quería que todo acabara pronto, poder volver a su vida, y quizás podría acabar su gira. Así que comenzó a dictar un número. Mary lo escribió rápidamente en un papel. Lo dobló y se levantó..
-Gracias encanto- dijo Mary burlona, pellizcándole la mejilla.
A continuación se dirigió a la cocina, donde estaba Raquel preparando algo de desayuno.
-¿Llamas tú?- le dijo tendiéndole el papel.
-Ni hablar- Respondió Raquel inexpresiva.
-¡Oh vamos! ¿Tengo que hacerlo todo yo? Recuerda que estamos juntas en esto.
-¿Cómo que lo estas haciendo todo tú? ¡No te has quedado sola con Michael ni una vez todavía! Quedamos en que nos turnaríamos para salir a la calle.
-Tonterías, ¡Pero si te encanta quedarte con él!
Raquel enmudeció. Mary estaba cada vez más histérica
-¡Entonces sí! ¡Esto es un desastre!- gritó.
-¿Qué?- dijo Raquel confusa.
-¡Que te gusta, Raquel!

jueves, 19 de agosto de 2010

~ Capítulo 4 ~

Mientras Raquel esperaba a que Michael saliera del baño, se sentó en el sillón y empezó a juguetear con un cojín que había a su lado. Su teléfono comenzó a sonar y dio un respingo . Empezó a preguntarse si debía cogerlo o no. Entonces se acercó a la mesita cercana al sillón y cogió el teléfono, pero nadie le contestó. Notó como le temblaban las manos, no sabía porqué estaba tan nerviosa. Seguramente sería un graciosillo gastándole una broma. Acto seguido se acordó de Michael y se dirigió a la puerta del baño y la golpeó suavemente:

-Michael, ¿Te queda mucho?-pero nadie le contestó- ¡¿Michael?! ¡Cómo no salgas ya, voy a entrar!
Michael seguía sin contestarle, entonces apoyó el hombro contra la puerta y la abrió. Miró de arriba abajo, pero,¡No había nadie!
Sin pensárselo dos veces salió corriendo, salió al portal y corrió escaleras abajo hasta la calle en busca de Michael. Cruzó la carretera sin prestar atención y apunto estuvo de ser atropellada, sin embargo Michael no se encontraba por los alrededores ¿Cómo era posible que se hubiera escapado?
Por otra parte, Mary caminaba tranquilamente hasta el piso, cuando miró hacia arriba, localizó la ventana del dormitorio y vio una silueta, pero no era Raquel. Acto seguido fue hasta el portal comenzó a correr, entró en el portal y subió las escaleras. La puerta estaba entreabierta y vio la silueta de un hombre de espaldas llamando por teléfono. ¡Oh, no! ¡Era Michael! Se acercó sigilosamente hasta él y cogiendo un paraguas que había al lado de la puerta golpeó al chico en la cabeza. No tardó ni dos segundos en desplomarse al suelo y llenar la moqueta de sangre.
Entonces apareció Raquel por la puerta, se le veía agitada:
-¡Menos mal! ¡Michael…está aquí! ¿Pero…qué le has hecho en la cabeza?
-¡¿Se puede saber que ha pasado aquí ,Raquel?!- gritó Mary histérica.-Estaba llamando por teléfono y he tenido que darle un golpe para que no escapara, anda, ve a por un botiquín.- Ordenó Mary mientras le volvía a amarrar.
-Pues…le dejé ir al baño, pero cuando fui a abrir la puerta ya no estaba allí- Dijo mientras venía del baño con el botiquín -Pero ahora que lo pienso…no recuerdo haber mirado en la ducha.
-Y estaba escondido allí dentro- dijo Mary a Raquel mirándola de reojo.- Es muy astuto, casi se nos escapa.
-Tendremos que tener mas cuidado, la próxima vez tendrá que acompañarle alguien al baño- Rió entre dientes Raquel.
-Si y también deberíamos llevarlo a un hospital a que le cogieran algunos puntos, esto tiene mala pinta.
-Sí, y decimos que nos lo hemos encontrado en la calle.
-Bueno, haré lo que pueda...¿Crees que le habrá dado tiempo a llamar a alguien?- dijo Mary preocupada.
Raquel no dijo nada. ¿Cómo iban a saberlo?
Horas mas tarde, cuando ya había oscurecido, Michael seguía inconsciente y las chicas se sentaron en el sillón escuchando la vieja radio:
‘‘…nos han llegado noticias alarmantes desde la otra parte del mundo, al parecer, la misteriosa enfermedad que hace unos días comenzó a aparecer en La India esta empezando a propagarse también por el resto Asia, según tenemos entendido, ya hay más de cien mil personas contagiadas…’’
- Madre mía, esto no puede ser y decían que lo tenían todo bajo control…- se preocupó Mary.
Raquel miró a Michael.
-No se ha despertado aún...- susurró, sonaba preocupada.
Mary la miró y arqueó las cejas.
-No te preocupes no está muerto. Además mejor para nosotras, así no nos da que hacer.
Se produjo entonces un silencio incómodo. En ese momento Michael empezaba a despertar.
-Ah, me duele la cabeza- dijo en un susurro casi inaudible.
-Pues la próxima vez piénsatelo mejor antes de intentar escaparte- dijo Mary fríamente.
-Anda vamos a la cama que se hace tarde- dijo Raquel intentando cambiar el tema.
Mary la miró extrañada, estaba actuando de forma muy rara.
-Ah, está bien- dijo cogiendo su pijama y entrando al baño para cambiarse. Raquel la imitó. Estaban las dos cambiándose en el baño cuando Raquel dijo:
-¿Dónde va a dormir Michael?
Mary frunció el ceño.
-¡Pues en la silla! ¿Dónde quieres que duerma?
-Bueno, no sé, no creo que esté muy cómodo...
-¿Pero qué dices? ¡Si es cómo dormir en una nube!- dijo Mary con sarcasmo- ¿Por qué no le das tu cama y duermes en el suelo?
-Oye tú, no te pases, yo sólo...
-Mira después del susto y el mal rato que me ha hecho pasar hoy, no quiero ni verlo, por mí que duerma en la ducha, si tanto le gusta.
-¿No crees que sería mejor montar guardia?- titubeó Raquel
-¿Ahora vamos a ejercer de niñeras?- se enfadó Mary.
-Bueno…ya sabes, con lo astuto que es…
-Esta bien, tienes razón, tu te quedarás el primer turno, despiértame en unas tres horas, buenas noches- dijo Mary metiéndose en la cama.
-¿Qué te pasa?
-Estoy cansada, hasta luego.
-Vale, que descanses bien.

miércoles, 18 de agosto de 2010

~ Capítulo 3 ~


Raquel y Mary se miraron asustadas. A Michael en cambio, se le iluminó la cara.

-¡Socor...!- intentó pedir auxilio, pero Mary le tapó la boca con las manos. Él se agitaba violentamente intentando liberarse, desesperado. Entre las dos, y con dificultad arrastraron la silla, en donde estaba Michael atado, hasta el cuarto de baño. La persona detrás de la puerta, seguramente las había oído, con todo el ruido que habían formado y no paraba de golpear la puerta insistentemente.
Mary se encerró en el baño con Michael al que habían logrado amordazar, mientras Raquel se dirigía a la puerta. No podía hablar ni gritar pero seguía agitándose.
-No te pongas difícil deja de hacer ruido- le susurró Mary a Michael mientras le apuntaba con su pistola.

-Ah, señor Johnson, hola- saludó Raquel al casero, fingiendo una sonrisa.
El señor Johnson no respondió, frunció el ceño y se cruzo de brazos, como esperando una explicación.
"Por dios, que no haya escuchado a Michael" pensó ella.
-Supongo que viene a por lo del alquiler ¿No?
-Supone bien muchacha, lleva dos meses sin pagarme, si sigue así empezaré a cobrarle los intereses- dijo el casero y se le erizaron los pelos del bigote.
-Eeeh... claro lo siento, no volverá a ocurrir- respondió Raquel aliviada, sacando algunos billetes del bolsillo y entregándoselos- Aquí tie...
Se detuvo al escuchar un fuerte ruido proveniente del baño, sonaba como si algo de cristal se hubiera quebrado. El señor Johnson miró curioso por encima del hombro de Raquel.
-¿Tiene visita?
-Oh no, que va, es mi compañera- balbuceó Raquel.
A continuación se escuchó un fuerte golpe en la puerta seguido de un gemido ahogado. El señor Johnson volvió a mirar, esta vez confuso y se dirigió hacia la puerta del baño, Raquel se quedó muda.

Mary apretó con fuerza el cañón de su pistola contra la sien de Michael.
-Cállate, joder, o te vuelo los sesos- farfulló.

-¿Qué le pasa a tu compañera? - preguntó el casero girándose hasta donde se encontraba Raquel.
-Esto... bueno, no se encuentra muy bien últimamente ¿Sabe?- respondió ella nerviosa.
El señor Johnson era un señor muy cotilla y no parecía muy convencido de la explicación de Raquel, justo se disponía a formular otra pregunta cuando Raquel le empujó hasta la salida:
-Bueno, creo que debería irse ya, tengo cosas que hacer y creo que usted también, no quiero distraerle, en fin, adiós- y le cerró la puerta en las narices.
Dio un largo suspiro de alivio y se dirigió al baño. Abrió la puerta y encontró a Mary todavía apuntando con la pistola a la cabeza de Michael. Ambos estaban paralizados y con cara de susto. En el suelo estaba el vaso en dónde colocaban los cepillos de dientes, hecho añicos.
- Anda, Mary, ya se ha ido, que mal rato he pasado, le ha faltado poco para entrar en el baño- dijo Raquel dirigiéndose a la cocina, a por una escoba.
Entre las dos limpiaron el baño y volvieron a sacar a Michael dejándolo en una esquina del dormitorio, todavía atado a esa incómoda silla. A Mary le había dejado muy nerviosa el incidente, y decidió salir a despejarse un poco. Raquel se quedó en casa, vigilando a Michael. Habían decidido que se turnarían para salir y no lo dejarían solo en el piso, ya que podría intentar escapar.
Estaba Raquel sentada su cama, leyendo el periódico. Había decidido quitarle la mordaza a Michael ya que éste no parecía querer dar más guerra. Michael en la esquina del cuarto la miraba de reojo. Ella se sentía muy incómoda a su alrededor, ya que no había estado de acuerdo en raptarlo, pero era lo único que se le había ocurrido hacer cuando las descubrió robándole. ¡Si nunca en la vida las habían pillado!
-¿Necesitas algo?- preguntó ella intentando ser amable.
- ¿Podrías desatarme? Las ataduras me hacen daño.- dijo Michael en tono de súplica.
-Sí claro, y ahora me dirás que no te vas a escapar, ¿Verdad?- respondió Raquel intentando no reírse.- ¿Algo mas?
Michael agachó la cabeza y se quedó así un ratito. Los rizos le caían sobre la cara.
-Tengo sed- susurró.
Raquel se levantó de la cama y fue a la cocina. Al cabo de un rato volvió a aparecer con un vaso de agua en las manos. Le ayudó a beber y luego volvió a lo suyo. Se percató entonces de la mochila de Michael tirada en el suelo junto a dónde estaba él. Estaba intentando cogerla arrastrándola con los pies, seguramente dentro estaba su móvil. Ella se levantó y la cogió. Michael, decepcionado, volvió a agachar la cabeza.
-Lo siento- susurró ella. Michael ni siquiera la miró. Ella se sentía mal por él.
Abrió la mochila y empezó a curiosear. Dentro no había mucho, la cartera, un teléfono móvil y unos cuantos chicles.
-Necesito ir al baño- volvió a susurrar Michael sin levantar la cabeza.
Raquel suspiró. Entró en el cuarto de baño y se aseguró de que la ventana era lo suficientemente pequeña. Desató a Michael y lo dejó entrar en el baño.
-Que no se te ocurra intentar nada ¿Me oyes?
Él asintió y cerró la puerta a su espalda.

martes, 17 de agosto de 2010

~ Capítulo 2 ~

¿Secuestrar a Michael Jackson? Cielo ¿Tienes fiebre?- dijo Raquel tocándole la frente y soltando una carcajada.
Mary rió sin ganas. En realidad no estaba de broma. Pensaba que secuestrar a Michael Jackson y pedir un rescate era la solución a todos sus problemas.
-No estoy de broma Raquel, sabes que nos convendría hacerlo- susurró.
Raquel la miro sorprendida. Se quedó así mirándola durante un rato.
-Bueno, di algo ¿No?
-¿Qué quieres que diga? Cada día me sorprendes más, ¿Cómo demonios se supone que deberíamos hacerlo?
-Pues... no lo sé, ya se me ocurrirá algo.
Raquel arqueó las cejas, no dijo nada y se levantó de su sillón. Recogió todos los periódicos y los llevó a la cocina, donde los apiló junto al cubo de la basura.


Como ocho horas después Mary y Raquel iban paseando por la ciudad, ambas pensativas. Hacía frío, y no se veía a mucha gente en la calle por la mañana.
-¿Aún sigues pensando en raptar a Michael Jackson?.
- Pues sí, piénsalo ,no tendríamos que volver a robar nunca más.- dijo Mary entusiasmada.
-Claro y crees que raptarlo sería tan fácil como quitarle un caramelo a un niño, ¡Nunca hemos secuestrado a nadie! Además tiene guardaespaldas hasta en el baño, si nos pillan nos meteríamos en un buen lío.
- Tienes razón pero tía ¡Si está forrado! Su familia seguro que también, ¡Podemos pedir millones!
-Anda tonta déjalo ya,¿Ves a ese señor de ahí? Pues te dejo a ti los honores, seguro que tiene una cartera muy bonita.- dijo Raquel irónicamente.
Mary le hizo burla y se alejó. Se acercó sigilosamente hasta aquel señor. Era bastante rarito, llevaba un sombrero fedora, unas gafas de sol y una mascarilla quirúrgica. Se colocó a su espalda y comenzó a abrirle la mochila. El hombre aparentemente no se estaba dando ni cuenta pero justo cuando estaba a punto de sacar la cartera del interior, el señor la agarró del brazo. Mary sorprendida ante la reacción de éste se quedo paralizada. Por suerte Raquel empujó al hombre, le arrebató la mochila y salieron ambas corriendo.
-¡¡Maldita sea, un callejón sin salida!!- gritaron las dos al unísono.
- ¡Devolvedme la mochila!- grito el hombre abalanzándose sobre Raquel intentando recuperar lo que era suyo. Éstos empezaron a forcejear, al final la mascarilla quirúrgica que cubría la cara del señor, se rompió. Mary que había estaba observando la escena se quedó boquiabierta.
-Oh dios mío ¡Es Michael Jackson!- exclamó.
Entonces Raquel sacó su pistola y se la puso en la cabeza a Michael.
-Mary agárralo del brazo, nos lo llevamos a casa.
Las dos chicas agarraron a Michael fuertemente y le volvieron a colocar, como pudieron, la mascarilla quirúrgica rota, serviría. Se dirigieron al piso donde vivían ante la atenta mirada de algunos turistas.
Durante el trayecto nadie se atrevió a pronunciar palabra. No se sabe quién estaba mas asustado, si Michael o las chicas.
Una vez en el piso, Raquel empujó a Michael contra el sofá.
-No te muevas de ahí.- ordenó.
Le hizo un gesto a Mary para que la siguiera y ambas entraron en el baño.
-Dios…¿pero qué hemos hecho?
-La idea fue tuya, fuiste tu quien deseaba raptar a Michael Jackson…ya no podemos retroceder..- suspiró Raquel- Atémosle antes de que se le ocurra escaparse, de algún modo.
Mary se dirigió al dormitorio y cogió unas sábanas viejas, entre ella y Raquel las rompieron.
-Servirá, por ahora nos apañaremos, mañana iré a la ciudad a ver si encuentro algo que nos sea útil- dijo Raquel.
Cuando regresaron donde se encontraba Michael, éste estaba intentando abrir la ventana. Hubiera sido un tontería escapar por ahí, dado que vivían en el quinto piso del bloque. Una situación desesperada requiere medidas desesperadas.
-Ven aquí, anda- le ordenó Mary. Michael le hizo caso omiso, y siguió intentando abrir la ventana. Mary se acercó y abrió la ventana de un manotazo.
-¿Por qué no pruebas a tirarte? Igual sobrevives, quién sabe- le dijo fríamente.
Michael la fulminó con la mirada.
-¿Qué queréis de mi?
Ninguna de las dos respondió. Le ordenaron que se sentara en una silla, Michael no tuvo más remedio que hacerlo, ellas tenían las armas.
Estaban ocupadas atando a Michael con las sábanas rotas cuando alguien aporreó la puerta.

~ Capítulo 1 ~

"Michael Jackson realizará los últimos conciertos de su gira, aquí, en el estadio Los Ángeles Memorial Sports Arena, los días dieciséis, diecisiete..."

-¡Eh! ¿Por qué la apagas?
-No dan nada interesante a estas horas - dijo Raquel sentándose en su sillón junto a la mesa, donde descansaba la vieja radio.
-Es interesante- replicó Mary fastidiada, volviendo a encenderla.
"... Y veintisiete de enero, ¿¡Qué mejor forma de empezar este nuevo año 1989!?..."
Raquel la miró molesta y se revolvió en su asiento.
-No me dirás que quieres ir a ese concierto- dijo mirándola de reojo- ¡Si no tenemos ni para pagar el alquiler!
-No he dicho que quiera ir- dijo Mary pensativa.
Las dos se quedaron en silencio.
- No es esta la vida que quería ¿Sabes?- añadió.
-¿Y crees que yo sí?¿Hubieras preferido quedarte con tus padres?- dijo Raquel, visiblemente preocupada.
-No, claro que no, entonces no te hubiera conocido.

Raquel sólo sonrió. Mary que estaba sentada en el suelo frente a ella le devolvió la sonrisa.
Raquel y Mary, de veinte y diecinueve años respectivamente, se habían conocido unos años atrás, en la calle. Ambas no se llevaban bien con sus padres, habían huido de casa y abandonado sus estudios. Ahora vivían de alquiler en un pequeño piso (con una cocina, un baño y un dormitorio), en un sitio tranquilo, alejado de los ruidos del centro de la ciudad. Ninguna de las dos trabajaba, nunca lo habían hecho. No lo necesitaban.

-Esta mañana ha venido el casero, cuando tú estabas fuera- dijo Mary queriendo cambiar de tema.
-Quería cobrarnos ¿No es cierto?
-Supongo, no le abrí la puerta, pero le observé por la mirilla y no parecía muy contento.
-Eres mala- dijo Raquel riéndose. Abrió su mochila y saco del interior una cartera que Mary no había visto nunca. Una como tantas otras.
-Se la he mangado a un viejo en la parada del autobús- dijo Raquel lanzándosela a Mary. Ésta la cogió al vuelo y miró a Raquel sonriendo.
-¿Y yo soy mala?- dijo mientras examinaba la cartera- Bien, tenemos suficiente para el alquiler.
Raquel volvió a rebuscar en el interior de su mochila. Esta vez sacó un periódico. Lo abrió y comenzó a ojearlo.
-Tengo los demás están en la mochila- dijo sin apartar la vista del periódico.

Mary se levantó, sacó unos cuantos periódicos del interior de la mochila y comenzó a ojearlos todos. Tenían la costumbre examinar todos los periódicos posibles, así se mantendrían informadas si la policía encontraba nuevas pistas referentes a los robos que tenían lugar en el barrio, desde hacía ya un tiempo. Por suerte, nunca las había. Pero, ahora más que nunca, debían ser precavidas dado que el mes anterior intentaron atracar un banco. La jugada les salió mal, uno de los clientes logró avisar a la policía y tuvieron que huir. Como resultado la gente estaba nerviosa y la policía alerta.
Raquel seguía pasando páginas hasta que llegó al final del periódico. Le llamó la atención un artículo, situado en la última hoja del periódico. Era sobre una extraña enfermedad descubierta recientemente en La India, había unas diez personas infectadas y todos mostraban los mismos extraños síntomas. "El paciente muere aproximadamente a las doce horas de haber contraído la enfermedad y vuelve a la vida en sólo quince minutos. Se contagia mediante un mordisco o intercambio de fluidos".Los médicos y científicos no daban crédito y no encontraban el origen ni la cura. Además citaba que no había de que preocuparse, que todo estaba controlado y no habría más infectados.

-Vaya, mira esto- dijo Raquel tendiéndole el periódico a Mary. Ella lo miró y arqueó las cejas.
-¿Es una broma?- dijo y soltó una carcajada. Raquel se encogió de hombros y volvió a sus periódicos. Mary hizo lo mismo.
-Vaya, hablando de muertos vivientes- rió Mary mostrándole a Raquel una página desde el suelo. En ella se veía una foto de Michael Jackson, el texto a la derecha hablaba sobre los conciertos que daría en Los Ángeles. Raquel la miró confusa.
-¡Oh vamos! ¡No me digas que no has visto Thriller!
-No me interesa Michael Jackson- dijo Raquel con desgana.
-Pues debería.
-¿Ah si? ¿Y eso por qué?

Mary no dijo nada. Introdujo la mano en uno de sus bolsillos y sacó un casquillo. Lo miró durante un ratito, manoseándolo y concentrándose en su forma.

-¿Y si...?- empezó a hablar pero se detuvo. Raquel la miró con curiosidad.
-¿Qué?
-No, nada- ahora miraba la escopeta que descansaba apoyada en la pared junto a la puerta del dormitorio.
-A mí no me engañas,¿Qué piensas?
-Es una locura- dijo Mary aguantándose la risa.
-¿El qué? ¡Venga, suéltalo!
-¡Secuestremos a Michael Jackson!

~ Sinopsis ~

Mary y Raquel son dos chicas de diecinueve y veinte años respectivamente, que se conocieron en las calles de Los Ángeles. Ambas se escaparon de sus casas y ahora comparten un pequeño piso, aunque se ven obligadas a robar para pagárselo, ya que ninguna de las dos trabaja. Un día como cualquier otro, se disponían a robar la cartera de un señor, que al final resultó ser el mismísimo Michael Jackson que mientras estaba realizando una serie de conciertos por la ciudad, salió vestido como cualquier otro turista para despejarse un poco. Pero no se imaginaba que estas dos chicas tuvieran la descabellada idea de raptarlo. Aunque esto no es todo, lo que empezó siendo un rapto acabó siendo mucho mas al tener que escapar del Apocalipsis zombie.