Como casi todos los días, el sol brillaba intensamente aquella mañana. Raquel, Mary y Michael salían cautelosamente del bloque de pisos cargados de bolsas. Mary miró a ambos lados de la calle. Estaba desierta. La mayoría de los vehículos aparcados por los alrededores estaban destrozados. A lo lejos logró divisar un Jeep azul oscuro que parecía estar en buenas condiciones.-Está bien, necesito que me cubras, Raquel. Y tú quédate aquí con las bolsas y espera a que regresemos- Dijo señalando a Michael. A continuación abrió una de las bolsas y le tendió una pistola 9 mm. Michael la miró asustado.
-No sé usar una de estas- se quejó.
-Sólo aprieta el gatillo si alguno de esos monstruos aparece- dijo Mary poniendo los ojos en blanco- y apunta lo mejor que puedas, no estamos como para malgastar balas.
Dicho esto dejó las bolsas junto a Michael y corrió en dirección al Jeep seguida por Raquel. Todo despejado, no había ni una sola de esas criaturas. Cuando llegó, pegó la cara a la ventanilla y entornó los ojos. No había nadie, así que se sacó una horquilla del bolsillo y la introdujo en la cerradura de la puerta. Al cabo de un rato, ésta se abrió. Repitió la misma operación para arrancar el coche.
-¿Puedo probarlo un poco?- dijo riendo entre dientes.
-No quisiera que tuviéramos un accidente- le respondió Raquel mientras se alejaba corriendo. Volvió a dónde se encontraba Michael y le ayudó a llegar hasta el coche con las bolsas. Cuando llegaron Mary estaba sentada en el asiento del copiloto. Entre Raquel y Michael metieron las bolsas en el maletero, menos la que contenía las armas y alguna con comida que metieron en los asientos traseros. Ambos entraron en el coche.
-A ver que tenemos aquí- dijo Mary abriendo la guantera.
A continuación sacó un mapa de los Estados Unidos y se lo entregó a Raquel.
-Esto va a sernos de gran ayuda- dijo Raquel desde el asiento trasero.
Mary cogió un paquete de tabaco que había en la guantera. Cogió un cigarrillo, se lo colocó en los labios y lo encendió con un mechero que llevaba en el bolsillo.
-¿Fumas?- preguntó Michael mirándola con desagrado- Eres muy joven.
Mary entrecerró los ojos y siguió fumando haciendo caso omiso a Michael. Se revolvió en su asiento y levantó las piernas dejando descansar los pies sobre el salpicadero. Ciertamente no le caía bien Michael y no tenía ganas de hablar con él.
-Sólo lo hace cuando está estresada- intervino Raquel mientras se abrochaba el cinturón- Quita las piernas de ahí encima y ponte el cinturón, que te vas a matar.
Mary bajó las piernas de mala gana sin embargo no se abrochó el cinturón.
-Bueno ¿a qué estás esperando nos marchamos ya?- añadió bruscamente mirando a Michael de reojo.
Michael no dijo nada y sujetó el volante firmemente. Le sudaban las manos, no se encontraba demasiado bien.
-La verdad es que hace mucho que no conduzco- dijo Michael pasándose la mano por la frente.
-No importa, realmente necesitamos irnos- dijo Raquel.
Michael suspiró y pisó el acelerador. Condujo hasta el final de la calle que desembocaba en una enorme avenida, toda abarrotada de coches abandonados.
-¿Pero por dónde estás tirando?- se quejó Mary.
Michael no hizo caso y siguió conduciendo, esquivando coches torpemente. Mary giró la cabeza y miró a Raquel con el ceño fruncido.
-Se ven bichos de esos a lo lejos, es un suicidio adentrarse más en la ciudad.
-Conozco un atajo, Michael, da la vuelta- dijo Raquel.
Michael obedeció y siguió las indicaciones de Raquel. Al cabo de un rato atravesaban una tranquila carretera que rodeaba la ciudad. Todo estaba muy silencioso puesto que todo era bosque por los alrededores. A lo lejos divisaron un incendio en medio de la carretera. Cuando el Jeep se acercó lo suficiente, pudieron comprobar que se trataba de un coche que estaba en llamas.
Michael paró el coche y miró a Raquel. Ésta agarró su pistola y le hizo un gesto a Mary para que cogiera también la suya y la siguiera. Mary obedeció y ambas salieron del coche.
Se acercaron al coche con cautela. Éste desprendía un calor insoportable y sofocante.
-Probablemente ha chocado con algo- observó Raquel- No te acerques mucho, podría explotar en cualquier momento. La persona que conducía podría estar dentro, probablemente haya muerto, pero si ha escapado no debe haber ido muy lejos.
Entonces se percató de que faltaba una parte del quitamiedos. Detrás de este se extendía una empinada pendiente. Más abajo había un claro en medio de la espesura del bosque. En dicho claro se hallaba una furgoneta que echaba humo.
-¡Bingo!- exclamó Mary.
-Probablemente ambos coches chocaron. Quizás quede alguien dentro de la furgoneta.
Mary asintió y sin pensárselo dos veces atravesó el quitamiedos y bajo deslizándose cuidadosamente por la pendiente. Se acercó a la furgoneta y echó un vistazo a través de la ventanilla. Nada.
-¡Aquí no hay nadie!- gritó desde abajo.
-Está bien, sube antes de que me ase- dijo Raquel que empezaba a tener demasiada calor.
Mary forzó la cerradura de la furgoneta y entró. Miró en la guantera y encontró una 9 mm. No le quedaban muchas balas, pero era algo. Justo cuando salía del coche escucho un fuerte estallido. Miró hacia la carretera y vio que el coche había explotado.
-¡Raquel!- gritó asustada.
Escuchó a Raquel farfullar algo y la vio levantándose del suelo y sacudiéndose los vaqueros con el ceño fruncido. Ésta había corrido y se había tirado al suelo a tiempo. Mary suspiró aliviada y se volvió para registrar el maletero. No había nada que pudiera serles de utilidad: unas sillas de playa y algunos juguetes. Por un instante se quedó mirando aquella imagen. La nostalgia la envolvió pese a que aquellos juguetes no le pertenecían. Tomó un solitario patito de goma amarillo abandonado en una esquina del maletero y lo apretó con una mano. Un ruidito chillón pero triste surgió de él. Antaño había tenido algunos patitos como ese cuando niña, en su hogar. Sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas pero antes de que alguna de ellas pudiera resbalar por sus mejillas, escuchó a Raquel gritar.
Michael, aburrido, permanecía sentado delante del volante. Hacía bastante calor ese día considerando que se encontraban en pleno invierno. No sabía por qué, pero en el fondo, se sentía bien. Había conseguido salir de su rutina más fácilmente de lo que había imaginado. A nadie le importaba él ahora, aunque no estaba seguro de que hubiera alguien más además de las chicas. Esto le parecía gratificante. Por primera vez en su vida se sentía una persona normal. Alargó la mano y encendió la radio. Frustrado, comprobó que las emisoras seguía sin poder oírse. Entonces escuchó a Raquel gritar y se sobresaltó.
Raquel escuchó un ruido a su espalda. Se dio la vuelta bruscamente y quedó horrorizada. Un grupo de muertos andantes se dirigían hacia ella a paso ligero. La mayoría carecía de alguna extremidad. Probablemente el ruido de la explosión los había atraído. Raquel gritó el nombre de Mary y corrió en dirección al Jeep.
Mary miró hacia la carretera alarmada. Inconscientemente, introdujo el patito de goma en el bolsillo de su chaqueta y corrió hacia la pendiente. Varios muertos surgían de entre los árboles. Mary subía la pendiente con bastantes dificultades, ya que ésta era demasiado inclinada. Cuando casi había llegado vio a Raquel algunos metros más alejada disparando a todos los muertos que se acercaban. Mary se levantó con dificultad, estaba toda llena de tierra. Raquel corrió hacia el Jeep seguida por Mary. Llegó primero y subió al coche. Mary seguía corriendo, lo más rápido que podía. Justo en ese instante uno de los zombis golpeó con fuerza la ventanilla junto a la que se encontraba Michael, haciéndola añicos. Michael gritó desesperado y pisó el acelerador justo cuando Mary agarraba el tirador de la puerta, lo que provocó que ésta cayera de bruces a la calzada. Sus manos y rodillas se clavaron en el asfalto. Sintió un terrible escozor. Se levantó trabajosamente y corrió tras el Jeep, desesperada.
-¡Idiota no me dejes aquí!- gritaba histérica mientras un enorme grupo de muertos la perseguía.
Siguió corriendo, sintiendo cómo una gota de sangre se deslizaba desde su rodilla derecha hasta llegar a su calcetín. Se sentía tan cansada, sabía que no alcanzaría el coche. Incrédula, vio como éste se perdía de vista en una curva.