sábado, 28 de agosto de 2010

~ Capítulo 7 ~


Mary abrió la puerta del bloque y salió al exterior. El frío de la noche le azotó el rostro. Introdujo las manos en los bolsillos de su abrigo, para calentarlas y comenzó a caminar calle abajo. Sintió el tacto de un papel en uno de sus bolsillos. Hacía una semana que había recibido la carta. No la había abierto todavía. Tenía miedo de hacerlo. Sacó el sobre del bolsillo y lo observó, mientras seguía caminando. Se la mandaban sus padres desde Michigan ¿Cómo habían averiguado su dirección? Todavía no se lo había dicho a Raquel. Cuando la leyera quizás se lo diría.
Pasó al lado de un bar que tenía una gran cristalera, junto a la puerta de entrada. A través de ella se veían unos cuántos clientes, no muchos, tomando un tentempié. Mary se quedó parada mirando a esa gente a través del cristal. Los envidiaba. Ellos no tenían ese tipo de preocupaciones. Y sintió miedo. Miedo de lo que sabía y de lo que había hecho. Entonces se fijó en una televisión en la pared, justo en frente. Daban los informativos en esos momentos. En la televisión apareció por un momento el rostro de Michael, entonces supo sobre qué estaban informando. Mary dio un respingo y se precipitó hacia la puerta. Una campanita sonó cuando la abrió. Se quedó parada en la entrada mirando la televisión con atención.
"... la policía no tiene nuevas pistas, en estos momentos se encuentran en un callejón sin salida, hay supuestos testigos que tienen distintas versiones y..."
Tan distraída estaba mirando la televisión que no se dio cuenta de que las pocas personas que se encontraba en el establecimiento la miraban curiosos. Y ella seguía allí, junto a la puerta.
Un hombre de poblado bigote que estaba lavando unos vasos detrás de la barra la miró con el ceño fruncido.
-Disculpe señorita, si quiere ver la televisión deberá tomar algo- dijo de mala gana.
Ella dio un respingo y miró con timidez a su alrededor. Se metió una mano en el bolsillo y vio que llevaba algo de dinero.
-Oh, lo siento, póngame un café solo- dijo mientras se sentaba en una mesa , en un rincón del local, sin perder de vista la televisión.

Raquel miró con asco las gachas que había preparado Mary para Michael. No le extrañaba que no quisiera comérselas, tenían una pinta horrible, pero más horrible era su sabor. Miró a Michael nerviosa. Él la miró y sonrió burlón.
"Dios mío, lo sabe" pensó Raquel horrorizada "sabe que me gusta"
Desvió la mirada incómoda y se dirigió a la cocina para tirar las gachas a la basura. Cuando volvió al dormitorio Michael seguía mirándola.
-Deja de mirarme ¿Quieres?- dijo ella irritada.
-¿Te incomoda?- dijo él riéndose entre dientes.
La actitud de Michael hacia Raquel era completamente distinta a la que te tenía hacia Mary. A Mary parecía tenerle miedo, en cambio Raquel le era indiferente.
-No- dijo Raquel, aunque el rubor de su cara indicaba lo contrario- ¿Quieres que te prepare otra cosa o prefieres morirte de hambre?
Michael, que en realidad estaba hambriento, negó con la cabeza.
-No quiero nada tuyo- dijo.
Lo que dijo le dolió un poco a Raquel. Suspiró y se volvió a la cocina. No pensaba dejar que se muriera de hambre, así que no le hizo caso y preparó un sándwich. Volvió al dormitorio y se lo mostró a Michael.
-Se que tienes hambre- le dijo cogiendo una silla y sentándose en frente de él.
-Me lo como si me sueltas- dijo Michael.
-Siempre esperas a que no esté Mary para que te suelte- dijo Raquel irritada- Porque ella no te suelta casi nunca, y cuando lo hace no te pierde de vista, y crees que soy tan tonta que voy a dejar que te escapes de nuevo. No caerá esa breva.
-No voy a escaparme, de verdad- dijo él inocentemente- Te lo prometo.
-Que te he dicho que no.
-No voy a dejar entonces que me lo des tú, tengo manos y se usarlas- dijo Michael y la expresión inocente de su rostro se tornó peligrosa.
Raquel que no lo había entendido, la miró confundida.
-Además se me ocurre que podríamos hacer, ya sabes, algo- añadió él y se mordió el labio.
Raquel era una chica muy guapa, pero a Michael no le atraía. Simplemente se estaba aprovechando de su debilidad.
Raquel enrojeció hasta la raíz del cabello. Hacía mucho que no se sentía tan avergonzada. Por un momento pensó que él estaba en serio y tuvo el impulso de soltarlo. Pero entonces cayó en la cuenta. Él sólo se estaba burlando de ella. Y se enfureció.
-¡¿Pero qué te has creído?!- gritó ella- Se que antes nos has escuchado hablar a Mary y a mi, pero ella se equivoca, y ¡Tú también te estás equivocando! Si no quieres comer, genial, muérete de hambre.
Se fue a la cocina dando zancadas y dejó el sándwich sobre la encimera. Estaba claro que Michael no se lo había creído ¿Tanto se le notaba? Respiró hondo y decidió intentarlo otra vez. Tomó el sándwich y se paró en el umbral de la puerta.
-Por última vez ¿Lo quieres o no? No voy a prepararte nada más por hoy.
Michael se encogió de hombros. Ella le dio un bocado al sándwich y añadió.
-Se te está acabando el tiempo, ¿Te ha comido la lengua el gato?
Él volvió a encogerse de hombros.
-Anda, dámelo- añadió suspirando finalmente.

Mary miraba la televisión con atención mientras tocaba con las dos manos la taza de café, que estaba muy caliente. Al parecer la policía no tenían nuevas pistas, eso estaba bien. Sin embargo había varios testigos que coincidían en haber visto a Michael acompañado de dos jóvenes muchachas. Eso la preocupó. A continuación siguieron informando sobre esa extraña enfermedad que tenía a todos tan preocupados. Al parecer, ya se había dado casos en Europa y Estados Unidos y ya estaban empezado a evacuar gente. Mary sintió un escalofrío. Ya tenía bastantes preocupaciones.
Entonces volvió a sacar la carta de su bolsillo y la observó de nuevo. Cuanto antes la leyera, mejor. Abrió el sobre con cuidado y comenzó a leerla. Reconoció la esmerada caligrafía de su madre y entonces se le llenaron los ojos de lágrimas. Eran muchos los malos momentos que había pasado con ellos, pero también los había buenos. En la carta no le decían gran cosa, que la echaban de menos, que no comprendían bien por qué se había marchado y que deseaban que regresara. No decían cómo habían conseguido su dirección, sin embargo le aseguraban que no la visitarían a menos que ella quisiera. En parte sintió un gran alivio. Mary era más joven cuando se marchó de casa y ahora que lo recordaba, no debió hacerlo. Ellos sólo querían lo mejor para ella. Pese a que los extrañaba, no podía abandonar a Raquel. No podía. Cuando acabaran con el asunto de Michael, si no las pillaban, ya tendría tiempo de pensarlo. Entonces deseó no haber raptado a Michael ¿En qué demonios había estado pensando? Y tuvo la impresión de que todo iba a salir mal. Era Michael Jackson. Saldrían malparadas. Sin embargo a esas alturas no podían echarse atrás. Intentó no pensar más en ello. Introdujo la mano en el otro bolsillo y sacó el papelito en el que había apuntado el número de teléfono de los padres de Michael. Era hora de que los telefoneara, con un poco de suerte la creerían.
Pidió la cuenta y se marchó. Entró en una cabina y marcó el número. Tras esperar un momento, una voz femenina le informó de que el número marcado no existía. Con la esperanza de que quizás se había equivocado al marcarlo, volvió a llamar. Pero nada. Entonces se enfureció. Seguramente Michael se había inventado el número. Salió de la cabina echando humo y se apresuró a llegar al piso.

Raquel estaba tranquilamente leyendo un periódico, ya acostada en su cama. Michael ya se había quedado dormido en la silla.
De pronto Mary entró por la puerta y pegó un fuerte portazo. Estaba hecha una fiera.
-¿Qué demonios te ocurre? ¡Vaya susto me has dado, vas a despertar a Michael!- exclamó Raquel.
-¡Que se despierte, es lo que quiero!- gritó Mary y comenzó a zarandear a Michael para que despertara. Éste abrió los ojos sobresaltado.
¡Me diste un número de teléfono falso!- volvió a gritar sin dejar de zarandearlo- ¡Dame el verdadero ahora mismo! ¡Eres un...!
Raquel cogió a Mary del brazo y tiró de ella.
-¡Baja la voz, nos van a escuchar los vecinos- dijo.
Mary asintió y suspiró. Se volvió para mirar a Michael y lo fulminó con la mirada.
-¡Te di el teléfono correcto, te lo juro!- dijo él asustado.
-Estás mintiendo, no existe ese número- replicó Mary, ya más calmada. Sin embargo seguía mirándolo con los ojos desorbitados.
-Lo habrán cambiado, cambian de teléfono muy a menudo- dijo él nervioso y hablando muy deprisa- Mis fans a menudo dan con su número, esperando así contactar conmigo.
Lo que decía Michael tenía sentido. Mary bufó y se metió en el cuarto de baño pegando un portazo. Se sentó en el suelo, en un rincón de la pequeña habitación y empezó a llorar.
Raquel permanecía de pie junto a Michael. Ambos estaban confusos, escuchando cómo Mary sollozaba dentro del baño. Raquel suspiró y se dirigió al baño. Abrió la puerta y vio a Mary en el suelo tapándose la cara con las manos.
-¿Crees que Michael dice la verdad?- le preguntó Raquel.
Mary asintió sin dejar de sollozar. Raquel suspiró.
-¿Por qué lloras?- dijo cerrando la puerta y sentándose en el suelo junto a ella.
Después de un rato, Mary se calmó un poco y dijo:
-Porque estamos perdidas, Raquel.

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