Raquel y Mary se miraron asustadas. A Michael en cambio, se le iluminó la cara. -¡Socor...!- intentó pedir auxilio, pero Mary le tapó la boca con las manos. Él se agitaba violentamente intentando liberarse, desesperado. Entre las dos, y con dificultad arrastraron la silla, en donde estaba Michael atado, hasta el cuarto de baño. La persona detrás de la puerta, seguramente las había oído, con todo el ruido que habían formado y no paraba de golpear la puerta insistentemente.
Mary se encerró en el baño con Michael al que habían logrado amordazar, mientras Raquel se dirigía a la puerta. No podía hablar ni gritar pero seguía agitándose.
-No te pongas difícil deja de hacer ruido- le susurró Mary a Michael mientras le apuntaba con su pistola.
-Ah, señor Johnson, hola- saludó Raquel al casero, fingiendo una sonrisa.
El señor Johnson no respondió, frunció el ceño y se cruzo de brazos, como esperando una explicación.
"Por dios, que no haya escuchado a Michael" pensó ella.
-Supongo que viene a por lo del alquiler ¿No?
-Supone bien muchacha, lleva dos meses sin pagarme, si sigue así empezaré a cobrarle los intereses- dijo el casero y se le erizaron los pelos del bigote.
-Eeeh... claro lo siento, no volverá a ocurrir- respondió Raquel aliviada, sacando algunos billetes del bolsillo y entregándoselos- Aquí tie...Se detuvo al escuchar un fuerte ruido proveniente del baño, sonaba como si algo de cristal se hubiera quebrado. El señor Johnson miró curioso por encima del hombro de Raquel.
-¿Tiene visita?
-Oh no, que va, es mi compañera- balbuceó Raquel.
A continuación se escuchó un fuerte golpe en la puerta seguido de un gemido ahogado. El señor Johnson volvió a mirar, esta vez confuso y se dirigió hacia la puerta del baño, Raquel se quedó muda.
Mary apretó con fuerza el cañón de su pistola contra la sien de Michael.
-Cállate, joder, o te vuelo los sesos- farfulló.
-¿Qué le pasa a tu compañera? - preguntó el casero girándose hasta donde se encontraba Raquel.
-Esto... bueno, no se encuentra muy bien últimamente ¿Sabe?- respondió ella nerviosa.
El señor Johnson era un señor muy cotilla y no parecía muy convencido de la explicación de Raquel, justo se disponía a formular otra pregunta cuando Raquel le empujó hasta la salida:
-Bueno, creo que debería irse ya, tengo cosas que hacer y creo que usted también, no quiero distraerle, en fin, adiós- y le cerró la puerta en las narices.
Dio un largo suspiro de alivio y se dirigió al baño. Abrió la puerta y encontró a Mary todavía apuntando con la pistola a la cabeza de Michael. Ambos estaban paralizados y con cara de susto. En el suelo estaba el vaso en dónde colocaban los cepillos de dientes, hecho añicos.
- Anda, Mary, ya se ha ido, que mal rato he pasado, le ha faltado poco para entrar en el baño- dijo Raquel dirigiéndose a la cocina, a por una escoba.
Entre las dos limpiaron el baño y volvieron a sacar a Michael dejándolo en una esquina del dormitorio, todavía atado a esa incómoda silla. A Mary le había dejado muy nerviosa el incidente, y decidió salir a despejarse un poco. Raquel se quedó en casa, vigilando a Michael. Habían decidido que se turnarían para salir y no lo dejarían solo en el piso, ya que podría intentar escapar.
Estaba Raquel sentada su cama, leyendo el periódico. Había decidido quitarle la mordaza a Michael ya que éste no parecía querer dar más guerra. Michael en la esquina del cuarto la miraba de reojo. Ella se sentía muy incómoda a su alrededor, ya que no había estado de acuerdo en raptarlo, pero era lo único que se le había ocurrido hacer cuando las descubrió robándole. ¡Si nunca en la vida las habían pillado!
-¿Necesitas algo?- preguntó ella intentando ser amable.
- ¿Podrías desatarme? Las ataduras me hacen daño.- dijo Michael en tono de súplica.
-Sí claro, y ahora me dirás que no te vas a escapar, ¿Verdad?- respondió Raquel intentando no reírse.- ¿Algo mas?
Michael agachó la cabeza y se quedó así un ratito. Los rizos le caían sobre la cara.
-Tengo sed- susurró.
Raquel se levantó de la cama y fue a la cocina. Al cabo de un rato volvió a aparecer con un vaso de agua en las manos. Le ayudó a beber y luego volvió a lo suyo. Se percató entonces de la mochila de Michael tirada en el suelo junto a dónde estaba él. Estaba intentando cogerla arrastrándola con los pies, seguramente dentro estaba su móvil. Ella se levantó y la cogió. Michael, decepcionado, volvió a agachar la cabeza.
-Lo siento- susurró ella. Michael ni siquiera la miró. Ella se sentía mal por él.
Abrió la mochila y empezó a curiosear. Dentro no había mucho, la cartera, un teléfono móvil y unos cuantos chicles.
-Necesito ir al baño- volvió a susurrar Michael sin levantar la cabeza.
Raquel suspiró. Entró en el cuarto de baño y se aseguró de que la ventana era lo suficientemente pequeña. Desató a Michael y lo dejó entrar en el baño.
-Que no se te ocurra intentar nada ¿Me oyes?
Él asintió y cerró la puerta a su espalda.
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