sábado, 23 de abril de 2011

~ Capítulo 15 ~

-Debemos irnos- susurró Michael separándose un poco de Mary que lo agarraba con fuerza.
Ésta lo soltó avergonzada. Michael se levantó y tomó la linterna. Empezó a darle golpecitos y se encendió un poco. Sin embargo tan pronto como se había encendido volvió a apagarse.
-Hace un rato que no funciona- se quejó él que seguía golpeándola- deben de habérsele gastado las pilas.
Finalmente la linterna volvió a emitir luz, pero muy debilmente.
-Vamos- dijo Michael y enfocó con la linterna el rostro de Mary, que seguía en el suelo - estás sangrando.
Ella apretó los ojos molesta y se limpió desdeñosamente con la mano el hilo de sangre que le goteba por uno de sus orificios nasales. Se levantó con dificultad y permaneció un rato de pie, tambaleándose.
-¿Puedes andar?
-Me duele un poco el tobillo- dijo Mary con un hilo de voz- y estoy tan cansada...
Sin mediar palabra, Michael se acercó a ella y la cogió en brazos. Se tambaleó  un poco y como pudo enfocó los árboles con la linterna. Respiró hondo y antes de avanzar añadió.
-Todo va a ir bien.


Raquel abrió la puerta del Jeep y se desplomó en el asiento del copiloto. Apretó los ojos y se pasó las manos por la cara, intentando no llorar. Estaba exausta, las piernas le dolían demasiado. Miró el reloj y comprobó que ya pasaban de las doce. Había fracasado, ni rastro de Mary. Michael tardaba en llegar. Miró a través de la ventanilla del vehículo, pero no se veía nada, todo estaba oscuro. Su desesperación aumentaba más a cada segundo que pasaba ¿qué haría sin Mary? ¿merecía la pena vivir en un mundo donde, con toda seguridad, todos estaban muertos? Siempre había sido un espíritu libre. Ella y Mary habían hecho lo que se les antojaba, jamás necesitaron a nadie. Pero todo había cambiado, ya no quedaba nadie a quien necesitar. La esperanza que momentos antes había tenido de encontrar a sus padres vivos, se había esfumado por completo. Sin Mary no tenía sentido.
De pronto, divisó una débil luz entre los arboles que se iba acercando lentamente. El corazón le dió un vuelco. Insconscientemente apretó la pistola que sobresalía del bolsillo de sus vaqueros. Cuando la luz estaba tan sólo a unos metros de distancia del coche, Raquel encendió los faros, y vio que se trataba de Michael. Mary dormitaba en sus brazos. Raquel suspiró de alivio y sonrió con entusiasmo a Michael a través del parabrisas. Éste le devolvió la sonrisa.
-Ayúdame a abrir la puerta- dijo.
Raquel salió del vehículo y abrió la puerta trasera del mismo. Michael colocó torpemente a Mary a lo largo de los asientos traseros. Ésta estaba pálida y presentaba signos de deshidratación.
-¿Está bien? -le preguntó Raquel ansiosa.
Michael asintió.
-Deberíamos darle algo de agua, con todo el calor que ha hecho hoy...- siguió Raquel hablando nerviosa mientras iba en busca de alguna botella.
Michael se quedó apoyado en la puerta del coche, observando a Mary que permanecía con los ojos cerrados. Vio su chaqueta tirada sobre el suelo del coche. Se la había quitado por la tarde debido al calor, sin embargo en esos momentos sentía frío. Cogió la chaqueta, pero en vez de ponérsela, cubrió a Mary con ella.
Entonces llegó Raquel con una botella de agua y él se dirigió al asiento delantero donde se sentó frente al volante. ¿Estaría el coche en condiciones de seguir adelante? observó la horquilla que seguía dentro de la cerradura. La giró con miedo. Para su sorpresa, el motor rugió alegremente.
Raquel entró en el coche, sentándose a su lado con la botella de agua todavía en sus manos. Ambos permanecieron un rato en silencio, escuchando el sonido del motor.
-Es débil- dijo Raquel echándo un vistazo detrás de su asiento- intenta no aparentarlo, pero no le sale muy bien...
Michael no dijo nada. Pisó el acelerador y minutos después continuaban por la carretera de camino a Encino.


Mary abrió los ojos sobresaltada. Un sudor frío le cubría la frente. Le dolía todo el cuerpo aunque ya no se sentía tan cansada. No reconocía dónde estaba. La luz que se filtraba a través de la persiana de una ventana cercana le permitía ver una espaciosa y sencilla habitación, en la que sólo había una cama, sobre la que estaba tumbada, un escritorio y un enorme armario. Acababa de tener una pesadilla, que había desaparecido de su mente al despertar. Se incorporó y se dió cuenta de que le habían limpiado las heridas y puesto su pijama. Tenía las manos vendadas y tiritas en la cara y las estremidades. En ese momento entró Raquel por la puerta con una bolsa en la mano. Vio a Mary despierta y sonrió con ganas.
-Vaya, veo que ya estás despierta.
-Sí...- dijo Mary levantándose de la cama. Se llevó la mano a la espalda y farfulló algo mientras se ponías las zapatillas.
-¿Qué te duele ahora, llorica?- dijo Raquel divertida.
-Mejor pregunta qué no me duele- respondió Mary arrojándole la almohada- por cierto ¿dónde diablos estamos?
-En Hayvenhurst.
-Ah, claro, en Hayvenhurst- dijo Mary con ironía- ¿Podrías ser más exacta?
-En la casa de Michael- respondió Raquel poniendo los ojos en blanco y tirándole la bolsa que llevaba- vístete y baja, Michael está haciendo el desayuno.
Mary cogió la bolsa al vuelo y frunció el ceño.
-¿Por qué no bajas y le ayudas? ¿y si se parte una uña y le da un ataque de nervios?
Raquel la miró seria.
-No deberías de ser dura con él, después de todo te ha salvado la vida.
-No me habría tenido que salvar la vida si no me hubiese dejado tirada con todos esos monstruos malolientes a mi espalda.
-Oye, lo está pasando mal. Su familia no estaba cuando llegamos. Michael dice que se han llevado ropa y que probablemente hayan hecho las maletas y estén vivos en algún lugar, pero...
-¿Y eso qué tiene que ver conmigo?- la interrumpió Mary mirándola de soslayo- ¿crees que yo no lo estoy pasando mal?
Raquel no dijo nada. Puso los ojos en blanco otra vez y salió del cuarto dejándola sola.

sábado, 9 de abril de 2011

~ Capítulo 14 ~

Michael permanecía sentado frente al volante con los ojos cerrados. La camisa se le adhería a la piel debido al sudor pese a que la calor ya no era tan insoportable. Abrió un ojo y echó un vistazo a su reloj. Casi las ocho de la tarde. Habían pasado muchas horas desde que Raquel se fue en busca de Mary, aun no había regresado. Estaba preocupado.
Volvió a cerrar los ojos e intentó dormirse y así, quizás, conseguir algo de paz mental. Pero fue en vano. Ni su cerebro ni su cuerpo parecían querer hacerle el favor.
Unos pasos que escuchó cerca del Jeep le hicieron abrir los ojos de nuevo. Miró a través de la ventanilla y vio a Raquel acercándose. Ésta abrió la puerta del coche y se sentó a su lado. Michael la miró ansioso, interrogándola con la mirada. No hizo falta que le dijera nada.
-No la he encontrado- dijo Raquel derrotada- está oscurecido, el bosque es demasiado espeso.
Michael no dijo nada. Suspiró y se paso la mano por la frente apartándose el pelo de la cara.
-¿Qué hacemos?
-Voy a volver- dijo Raquel rebuscando en su bolso- cogeré la linterna y seguiré buscando. No me vendría mal algo de ayuda.
Michael asintió en silencio. Raquel le entregó un arma y una brújula.
-Si no hubiera sido tan idiota ahora mismo estaríamos en Encino- se quejó Michael- todo esto es por mi culpa.
Raquel no supo que decir. En ese momento sintió pena por él. Abrió la guantera y sacó una botella de agua. Dió algunos tragos y se quedó pensativa.
-Oye, deja de torturarte- dijo finalmente- todos hacemos cosas estúpidas cuando estamos nerviosos, supongo.
Michael le quitó la botella de un manotazo y se bebió la mitad de un trago. Quedó muy dramático, pero no le hizo sentir mejor.
-Deberíamos irnos- dijo y ambos salieron del Jeep.
-Nos separaremos- dijo Raquel mientras cerraba la puerta del coche a su espalda- yo iré en esta dirección. A media noche nos reuniremos aquí.
Michael asintió. Parecía ausente.
-En marcha- dijo Raquel dándole una palmada de ánimo en el hombro.
Se disponía a irse pero Michael la detuvo.
-Espera- dijo.
Raquel se giró. Hubo una pausa. Michael clavó sus enormes ojos marrones en los de ella. Ésta sintió un cosquilleo en el estómago. Lo miró ansiosa esperando a que hablara.
-Ten cuidado- dijo él finalmente.
Raquel asintió y sonrió con timidez. Se sintió tonta entonces. Por un momento había creído que Michael le diría cualquier otra cosa.
-Tú también- añadió nerviosa.
Y ambos se introdujeron en el bosque.


Pasaba el tiempo y Mary seguía en el hueco del árbol. Había perdido la noción del tiempo y llevaba tantas horas ahí dentro que no sentía las piernas. Ya había oscurecido, todo a su alrededor era oscuridad. Empezaba a hacer frío. El sonido de unos pasos cerca de allí rompió el silencio.
-¿Raquel?- susurró Mary con voz temblorosa.
No hubo respuesta alguna. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. La oscuridad le dificultaba la visión. Pudo, a duras penas, vislumbrar la silueta de un hombre justo delante del árbol. Antes de que pudiera reaccionar, unas manos la agarraron de los tobillos y tiraron de ella hacia fuera del hueco, lo que provocó que cayera de boca al suelo. Sintió un agudo dolor en la nariz y cómo un hilo de sangre bajaba por ésta. Por el olor a putrefacción supuso que se trataba de un muerto. Horrorizada, intentó levantarse, pero éste volvió a agarrarla por los tobillos y empezó a arrastrarla hacia algún lugar desconocido. Mary, desesperada, intentaba aferrarse a cualquier cosa a su alcance. Hundió las uñas en la tierra, pero no sirvió de nada puesto que el monstruo era más fuerte. Busco rápidamente su pistola en los bolsillos de su chaqueta pero debió de haberse caído, puesto que no la encontró. No pudo reprimir el grito de terror que se escapó de su garganta. De pronto escuchó un fuerte estallido y el bosque se iluminó por un segundo. La criatura soltó sus tobillos y se desplomó en el suelo. Mary se arrastró, aterrorizada, lejos del cadáver y permaneció sentada en el suelo, sin poder contener el llanto.
-Raquel- susurró entre sollozos.
Sintió a alguien que se arrodillaba a su lado. Unos brazos la rodearon. En seguida supo que no se trataba de Raquel como había esperado.
-Ya ha pasado- susurró Michael estrechándola- vas a estar bien.
-¡Déjame en paz!- lloró ella.
Sin embargo no se resistió. Se aferró a él con fuerza, hundiendo la cara en su pecho y manchándole la camisa de sangre y lágrimas. Él olía a sudor y a tierra, pero no le importaba. Ella sólo necesitaba un abrazo. Realmente lo necesitaba.

sábado, 2 de abril de 2011

~Capítulo 13 ~

-¡Da la vuelta!- gritó Raquel- ¿Qué demonios estás haciendo?
Michael no contestó. Aceleró más y permaneció mirando al frente, asustado.
-¡Hazlo ya!- volvió a gritar Raquel.
-¡No!- dijo Michael con voz temblorosa- no pienso volver allí.
-Da la vuelta ahora o lo haré yo- le advirtió Raquel intentando mantener la calma.
Michael esta vez inexpresivo, permaneció impasible. Ante su muda respuesta, Raquel decidió actuar, agarrando el volante y tirando de él hacia ella. Michael sorprendido, intentó, en vano, liberar el volante de las manos de Raquel y recuperar así el control del vehículo. Ambos agarraban el volante con fuerza y tiraban de él hacia lados opuestos, lo que provocó que el coche avanzara en zig-zag. Tras unos segundos más de forcejeo el coche se desvió a la derecha llevándose por delante parte del quitamiedos y cayendo a gran velocidad por la pendiente. Finalmente, éste se empotró contra un árbol.


Mary se detuvo y se giró para disparar a las criaturas que la perseguían. Eran por lo menos veinte. Logró disparar a unos cuantos antes de salir por patas, ya que éstos se iban acercando. No lograría despistarlos en la carretera, así que corrió velozmente en dirección al quitamiedos y lo saltó. Debido al miedo y las prisas no calculó bien y cayó rodando pendiente abajo, arañándose la cara y sus ya malheridas manos, con las que intentaba frenar la caída. Cuando llegó al suelo estaba completamente agotada y destrozada, pese a todo, se levantó e intentó seguir adelante. Sus manos estaban ensangrentadas y a juzgar por el rojo intenso que teñía sus vaqueros, sus rodillas también lo estaban. Además le dolía mucho el tobillo y cojeaba al andar. Miró atrás y vio cómo unos cuantos muertos caían rodando por la pendiente, ya que su inteligencia no les permitía bajar de otro modo. La diferencia era que ellos, al menos, no sentían dolor. Sin pensárselo dos veces, Mary se internó en el bosque, con la esperanza de que en la espesura no existiera ningún monstruo que la acechara.


Raquel abrió la puerta del coche con rapidez y cerró de un portazo. Michael la imitó y miró, decepcionado, el humo que surgía del capó del coche, así como la parte delantera del vehículo que estaba destrozada. Raquel en cambio, no reparó en ello. Abrió el asiento trasero y cogió una de las bolsas que contenía armas. Se llenó los bolsillos con una gran cantidad de casquillos y tomó la escopeta además de una brújula. Michael la observaba sin mover ni un músculo, no sabía qué hacer, no quería volver a meter la pata. Además de asustado se sentía culpable ¿En qué estaría pensando? No pretendía dejar a Mary allí tirada, simplemente se había dejado llevar por el pánico. Por su culpa todo se había ido al garete. Por su culpa incluso Mary podría estar muerta. Intentó alejar ese pensamiento de su mente, ya que sólo imaginárselo le producía dolor de estómago.
-¿Qué hago?- preguntó Michael débilmente.
-Nada- respondió Raquel sin mirarlo mientras introducía de nuevo la bolsa en el Jeep.
-Solo quiero ayudar- dijo con voz temblorosa.
- Ya has ayudado bastante- respondió Raquel con sarcasmo- quédate ahí y no te muevas hasta que yo vuelva ¿me oyes?
Michael asintió tristemente y observó cómo ésta se alejaba. 


Raquel subió de nuevo a la carretera y siguió el camino por el que habían pasado momentos antes con el Jeep. Tras un rato caminando, divisó a lo lejos a los muertos, todos miraban con sus ojos sin vida en dirección a un punto concreto detrás del quitamiedos. Probablemente Mary había bajado por ahí. Se aseguró de que la distancia entre ella y los muertos era aceptable y se deslizó cautelosamente de nuevo por la pendiente. Con ayuda de la brújula, avanzó entre la vegetación acercándose al lugar donde creía que hallaría a Mary.


Mary consiguió despistar a las criaturas. No sabía cuánto tiempo llevaba andando, pero estaba tan agotada que no le importaba. Sólo buscaba un sitio en el que poder descansar sus castigados pies. Tras un rato más de caminata, encontró un árbol enorme con un gran hueco en su interior. Agradecida y con la esperanza de que no estuviera habitado por ningún animal, se introdujo en él. Era lo suficientemente grande como para que ella cupiera dentro, pero no lo bastante para moverse demasiado. Era un alivio descansar los pies. Las manos continuaban sangrándole, el escozor era insoportable. Tiró de un trozo de tela rasgada de su camiseta y se hizo unas vendas provisionales con las que se cubrió las manos. Hacía calor y empezaba a sentir sed. Estaba angustiada, convencida de que era el fin para ella. Allí jamás la encontrarían, pero estaba demasiado asustada y cansada para salir. Se abrazó a sí misma y lloró en silencio, recordando y dándole vueltas una y otra vez a todo lo que había sucedido. Entonces odió a Michael con todas sus fuerzas. Y siguió llorando, escuchando cómo el viento golpeaba el tronco del árbol y agitaba las hojas del mismo.