Estuvieron toda la noche vigilando a Michael, pese a que éste parecía estar muy cansado y casi no podía moverse de lo fuerte que lo habían atado, no se fiaban. Por la mañana los tres estaban agotados.
-Voy a salir a por unas cuantas cosas, te toca hacer de niñera otra vez- le dijo Mary riendo a Raquel mientras se ponía el abrigo.
Raquel suspiró molesta. Se sentía incómoda cuando se quedaba sola con Michael.
-No vayas a soltarlo a no ser que necesite ir al baño - siguió Mary- Pero si se te pierde, no olvides mirar en la ducha.
-Mira, ya vale, no soy tonta ¿Vas a seguir reprochándome lo de ayer? Un error lo tiene cualquiera.
Mary no dijo nada. Abrió la puerta y se marchó. Raquel fue a la cocina y se preparó una taza de café. Regresó al dormitorio y se sentó en el sofá. Michael dormitaba en su silla, no tenía buen aspecto. Todavía era muy temprano. Raquel dejó la taza sobre la mesa y se quedó un rato observando a Michael. Parecía estar tan incómodo, durmiendo sentado, con la cabeza echada sobre su hombro. Era tan guapo... parecía un ángel. Raquel frunció el ceño. "No, no es guapo y no me gusta" se dijo, intentando convencerse a si misma. Cogió la radio, para que se le fuera ese preocupante pensamiento de la cabeza. Cuando la encendió, Michael dio un respingo y abrió los ojos. Miró a su alrededor desorientado, cuando vio a Raquel y recordó su situación, frunció el ceño.
-¿Tienes hambre?- le preguntó Raquel- Ayer no comiste en todo el día.
Él negó con la cabeza.
-Quiero ir al baño.
Raquel lo miró de reojo.
-Si hombre, con el mal rato que nos hiciste pasar ayer.
-Entonces ¿Me lo hago encima?- dijo Michael desafiante.
Raquel suspiró. Dejó la radio encendida sobre la mesa, y se acercó a Michael. Lo desató y se volvió para dejar la taza de café en la cocina. Justo cuando iba a cruzar el umbral de la puerta de la cocina se percató de que no había oído a Michael cerrar la puerta del cuarto de baño. Se giró horrorizada al darse cuenta del error que acababa de cometer, y vio a Michael parado en el umbral de la puerta del baño. Estaba mirando la radio con tristeza.
"... la misteriosa desaparición de Michael Jackson nos ha dejado a todos perplejos, la policía está investigando, no se sabe si se trata de un secuestro o si el cantante ha decidido irse por voluntad propia. La policía no tiene pruebas salvo los contradictorios testimonios de algunos testigos: unos dicen haberle visto en una furgoneta negra aparentemente sin matrícula, otros juran haberle visto acompañado de dos muchachas..."
Lo que ocurrió a continuación fue muy rápido. Michael miró la pistola de Raquel que se encontraba en la mesa junto a la radio. Raquel también la miró y se dio cuenta de las intenciones de Michael. Ambos se miraron. Michael la miraba desafiante. La mirada de Raquel en cambio expresaba terror.
Raquel dejó caer la taza al suelo. Ésta se quebró. Los dos se abalanzaron contra la mesa, cogiendo la pistola a la vez.
- ¡Suéltala por favor!- suplicó Raquel.
Michael hizo caso omiso y siguió tirando de ella. Durante el forcejeo, la pistola se disparó sola, dejando un agujero en el sillón. Raquel palideció. Era el fin. Los vecinos habían oído el disparo, seguro, y el señor Johnson subiría a comprobar que todo estaba en orden. Ambos seguían tirando de la pistola cuando de improviso Michael la soltó. Esto hizo que Raquel se cayera de espaldas. la pistola se le soltó de las manos, metiéndose bajo el sofá. Michael aprovechó la confusión y corrió hacia la puerta de entrada, deseando que estuviera abierta. Raquel desesperada, con la espalda dolorida y sabiendo que Mary no había cerrado con llave la puerta al irse, se arrastró rápidamente como pudo hacia Michael y le agarró el tobillo. Éste cayó de boca, empezándole a sangrar la nariz. Se dio la vuelta rápidamente, ignorando el dolor, pero justo cuando iba a levantarse, Raquel se abalanzó contra él. Acabaron los dos en el suelo, Raquel encima de él, intentaba inmovilizarlo, pero él era más fuerte que ella.
Mary subía por la calle llevando unas bolsas. Había comprado unos cuántos alimentos y cinta adhesiva. Divisó una cabina telefónica a lo lejos y tuvo una idea. Entró en la cabina dejando la bolsas en el suelo. Descolgó el auricular y marcó el número de la policía. Un agente contestó al teléfono:
-Comisaría de policía - dijo de mala gana.
-Esto... hola - tartamudeó Mary nerviosa, entonces decidió que iría al grano- He secuestrado a Michael Jackson quiero que...
Le interrumpieron las sonoras carcajadas que se oían al otro lado del auricular.
-Mira chiquilla, no hemos parado de recibir llamadas parecidas a la tuya en todo el día, ve y dile a tu mamá de mi parte que te eduque mejor y que te enseñe que con estas cosas no se juega- Dijo el policía divertido.
No era la primera vez que la confundían con una niña hablando por teléfono.
-Está bien, se lo diré- dijo Mary con sarcasmo y colgó con un golpe.
¿Y ahora qué? Decepcionada, cogió las bolsas del suelo y se dirigió al piso. Tocó al portero, ya que tenía las manos ocupadas y no tenía ganas de sacar las llaves. Tenía esa costumbre. Esperó un ratito y nadie contestó. Entonces supo que algo iba mal. Sacó rápidamente las llaves y abrió la puerta. Corrió por el portal como una loca y se metió en el ascensor. Corrió hacia la puerta y la abrió.
Se encontró a Raquel y a Michael en el suelo. Michael estaba encima de ella agarrándole las manos, ella intentaba, en vano, arañarle la cara. Entonces se percataron de que Mary había llegado. Ambos la miraron sorprendidos, pero más sorprendida estaba Mary.
-Vaya sorpresa- dijo sacando su pistola y apuntando a Michael- No os puedo dejar solos. Anda y siéntate.
-Pero... en serio, tengo que ir al baño- dijo Michael tímidamente.
-¡Claro cómo estabas tan ocupado conmigo!- se quejó Raquel. Estaba furiosa.
-Anda, ve al baño y haz lo que tengas que hacer- dijo Mary con calma- Y lávate la cara, que te está sangrando la nariz y lo vas a poner todo perdido.
Mary y Raquel se quedaron solas en la habitación. Ninguna dijo nada.
-Me la ha jugado otra vez- dijo Raquel al cabo de un rato- No me lo puedo creer.
-La próxima vez vas a comprar tú y yo me quedo con él.
Entonces Mary le contó a Raquel que había hecho una llamada a la policía, ya que no tenían el número de teléfono de ningún familiar de Michael, algo tendrían que hacer.
- Mira, ya tendremos tiempo de pensar en eso- dijo Raquel- Tenemos otros problemas ahora.
Y señaló el sillón.
-La pistola se disparó- añadió- Y fijo que lo ha escuchado el señor Johnson, si no ha venido aún es un milagro.
Mary rió.
- Yo no preocuparía, ayer me lo encontré en el portal, llevaba muchas maletas y me dijo que se iba a Massachusetts a ver a sus nietos- dijo Mary y puso los ojos en blanco- Dijo que volvería en unos días. No veas como habla el viejo este.
Cuando Michael salió del cuarto de baño, lo volvieron a atar a la silla, esta vez con cinta adhesiva. Mary se sentó en el sofá frente a él.
-Verás, necesito el número de teléfono de tus padres ¿Serías tan amable de dármelo?
Mary conocía la respuesta.
- ¿Me has visto cara de tonto?- dijo Michael desafiante.
-Pues, no sé, déjame pensar- dijo Mary sonriendo. Sacó su pistola y le apuntó a la cabeza- ¿Me lo dirás ahora?
-No vas a dispararme- dijo él firmemente.
-¿Ah no?¿Y eso por qué?
-Porque me necesitáis vivo.
-Si no puedo pedir un rescate no me sirves para nada- dijo Mary fríamente.
Michael tragó saliva. No sabía si ella sería o no capaz de acabar con él. Quería que todo acabara pronto, poder volver a su vida, y quizás podría acabar su gira. Así que comenzó a dictar un número. Mary lo escribió rápidamente en un papel. Lo dobló y se levantó..
-Gracias encanto- dijo Mary burlona, pellizcándole la mejilla.
A continuación se dirigió a la cocina, donde estaba Raquel preparando algo de desayuno.
-¿Llamas tú?- le dijo tendiéndole el papel.
-Ni hablar- Respondió Raquel inexpresiva.
-¡Oh vamos! ¿Tengo que hacerlo todo yo? Recuerda que estamos juntas en esto.
-¿Cómo que lo estas haciendo todo tú? ¡No te has quedado sola con Michael ni una vez todavía! Quedamos en que nos turnaríamos para salir a la calle.
-Tonterías, ¡Pero si te encanta quedarte con él!
Raquel enmudeció. Mary estaba cada vez más histérica
-¡Entonces sí! ¡Esto es un desastre!- gritó.
-¿Qué?- dijo Raquel confusa.
-¡Que te gusta, Raquel!

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