-¡Da la vuelta!- gritó Raquel- ¿Qué demonios estás haciendo?Michael no contestó. Aceleró más y permaneció mirando al frente, asustado.
-¡Hazlo ya!- volvió a gritar Raquel.
-¡No!- dijo Michael con voz temblorosa- no pienso volver allí.
-Da la vuelta ahora o lo haré yo- le advirtió Raquel intentando mantener la calma.
Michael esta vez inexpresivo, permaneció impasible. Ante su muda respuesta, Raquel decidió actuar, agarrando el volante y tirando de él hacia ella. Michael sorprendido, intentó, en vano, liberar el volante de las manos de Raquel y recuperar así el control del vehículo. Ambos agarraban el volante con fuerza y tiraban de él hacia lados opuestos, lo que provocó que el coche avanzara en zig-zag. Tras unos segundos más de forcejeo el coche se desvió a la derecha llevándose por delante parte del quitamiedos y cayendo a gran velocidad por la pendiente. Finalmente, éste se empotró contra un árbol.
Mary se detuvo y se giró para disparar a las criaturas que la perseguían. Eran por lo menos veinte. Logró disparar a unos cuantos antes de salir por patas, ya que éstos se iban acercando. No lograría despistarlos en la carretera, así que corrió velozmente en dirección al quitamiedos y lo saltó. Debido al miedo y las prisas no calculó bien y cayó rodando pendiente abajo, arañándose la cara y sus ya malheridas manos, con las que intentaba frenar la caída. Cuando llegó al suelo estaba completamente agotada y destrozada, pese a todo, se levantó e intentó seguir adelante. Sus manos estaban ensangrentadas y a juzgar por el rojo intenso que teñía sus vaqueros, sus rodillas también lo estaban. Además le dolía mucho el tobillo y cojeaba al andar. Miró atrás y vio cómo unos cuantos muertos caían rodando por la pendiente, ya que su inteligencia no les permitía bajar de otro modo. La diferencia era que ellos, al menos, no sentían dolor. Sin pensárselo dos veces, Mary se internó en el bosque, con la esperanza de que en la espesura no existiera ningún monstruo que la acechara.
Raquel abrió la puerta del coche con rapidez y cerró de un portazo. Michael la imitó y miró, decepcionado, el humo que surgía del capó del coche, así como la parte delantera del vehículo que estaba destrozada. Raquel en cambio, no reparó en ello. Abrió el asiento trasero y cogió una de las bolsas que contenía armas. Se llenó los bolsillos con una gran cantidad de casquillos y tomó la escopeta además de una brújula. Michael la observaba sin mover ni un músculo, no sabía qué hacer, no quería volver a meter la pata. Además de asustado se sentía culpable ¿En qué estaría pensando? No pretendía dejar a Mary allí tirada, simplemente se había dejado llevar por el pánico. Por su culpa todo se había ido al garete. Por su culpa incluso Mary podría estar muerta. Intentó alejar ese pensamiento de su mente, ya que sólo imaginárselo le producía dolor de estómago.
-¿Qué hago?- preguntó Michael débilmente.
-Nada- respondió Raquel sin mirarlo mientras introducía de nuevo la bolsa en el Jeep.
-Solo quiero ayudar- dijo con voz temblorosa.
- Ya has ayudado bastante- respondió Raquel con sarcasmo- quédate ahí y no te muevas hasta que yo vuelva ¿me oyes?
Michael asintió tristemente y observó cómo ésta se alejaba.
Raquel subió de nuevo a la carretera y siguió el camino por el que habían pasado momentos antes con el Jeep. Tras un rato caminando, divisó a lo lejos a los muertos, todos miraban con sus ojos sin vida en dirección a un punto concreto detrás del quitamiedos. Probablemente Mary había bajado por ahí. Se aseguró de que la distancia entre ella y los muertos era aceptable y se deslizó cautelosamente de nuevo por la pendiente. Con ayuda de la brújula, avanzó entre la vegetación acercándose al lugar donde creía que hallaría a Mary.
Mary consiguió despistar a las criaturas. No sabía cuánto tiempo llevaba andando, pero estaba tan agotada que no le importaba. Sólo buscaba un sitio en el que poder descansar sus castigados pies. Tras un rato más de caminata, encontró un árbol enorme con un gran hueco en su interior. Agradecida y con la esperanza de que no estuviera habitado por ningún animal, se introdujo en él. Era lo suficientemente grande como para que ella cupiera dentro, pero no lo bastante para moverse demasiado. Era un alivio descansar los pies. Las manos continuaban sangrándole, el escozor era insoportable. Tiró de un trozo de tela rasgada de su camiseta y se hizo unas vendas provisionales con las que se cubrió las manos. Hacía calor y empezaba a sentir sed. Estaba angustiada, convencida de que era el fin para ella. Allí jamás la encontrarían, pero estaba demasiado asustada y cansada para salir. Se abrazó a sí misma y lloró en silencio, recordando y dándole vueltas una y otra vez a todo lo que había sucedido. Entonces odió a Michael con todas sus fuerzas. Y siguió llorando, escuchando cómo el viento golpeaba el tronco del árbol y agitaba las hojas del mismo.
de verdad me encanta esta historia no dejo de leerla porfavor a las escritoras de este libro si tienen tuenti os ruego que me agregeis o messenger
ResponderEliminarmi tuenti es: inma maria gonzalez vivo en sevilla y e puesto que tengo 19 años xD
y mi messenger:inma_crazy99@hotmail.com
porfavor agregarme asias :D