sábado, 9 de abril de 2011

~ Capítulo 14 ~

Michael permanecía sentado frente al volante con los ojos cerrados. La camisa se le adhería a la piel debido al sudor pese a que la calor ya no era tan insoportable. Abrió un ojo y echó un vistazo a su reloj. Casi las ocho de la tarde. Habían pasado muchas horas desde que Raquel se fue en busca de Mary, aun no había regresado. Estaba preocupado.
Volvió a cerrar los ojos e intentó dormirse y así, quizás, conseguir algo de paz mental. Pero fue en vano. Ni su cerebro ni su cuerpo parecían querer hacerle el favor.
Unos pasos que escuchó cerca del Jeep le hicieron abrir los ojos de nuevo. Miró a través de la ventanilla y vio a Raquel acercándose. Ésta abrió la puerta del coche y se sentó a su lado. Michael la miró ansioso, interrogándola con la mirada. No hizo falta que le dijera nada.
-No la he encontrado- dijo Raquel derrotada- está oscurecido, el bosque es demasiado espeso.
Michael no dijo nada. Suspiró y se paso la mano por la frente apartándose el pelo de la cara.
-¿Qué hacemos?
-Voy a volver- dijo Raquel rebuscando en su bolso- cogeré la linterna y seguiré buscando. No me vendría mal algo de ayuda.
Michael asintió en silencio. Raquel le entregó un arma y una brújula.
-Si no hubiera sido tan idiota ahora mismo estaríamos en Encino- se quejó Michael- todo esto es por mi culpa.
Raquel no supo que decir. En ese momento sintió pena por él. Abrió la guantera y sacó una botella de agua. Dió algunos tragos y se quedó pensativa.
-Oye, deja de torturarte- dijo finalmente- todos hacemos cosas estúpidas cuando estamos nerviosos, supongo.
Michael le quitó la botella de un manotazo y se bebió la mitad de un trago. Quedó muy dramático, pero no le hizo sentir mejor.
-Deberíamos irnos- dijo y ambos salieron del Jeep.
-Nos separaremos- dijo Raquel mientras cerraba la puerta del coche a su espalda- yo iré en esta dirección. A media noche nos reuniremos aquí.
Michael asintió. Parecía ausente.
-En marcha- dijo Raquel dándole una palmada de ánimo en el hombro.
Se disponía a irse pero Michael la detuvo.
-Espera- dijo.
Raquel se giró. Hubo una pausa. Michael clavó sus enormes ojos marrones en los de ella. Ésta sintió un cosquilleo en el estómago. Lo miró ansiosa esperando a que hablara.
-Ten cuidado- dijo él finalmente.
Raquel asintió y sonrió con timidez. Se sintió tonta entonces. Por un momento había creído que Michael le diría cualquier otra cosa.
-Tú también- añadió nerviosa.
Y ambos se introdujeron en el bosque.


Pasaba el tiempo y Mary seguía en el hueco del árbol. Había perdido la noción del tiempo y llevaba tantas horas ahí dentro que no sentía las piernas. Ya había oscurecido, todo a su alrededor era oscuridad. Empezaba a hacer frío. El sonido de unos pasos cerca de allí rompió el silencio.
-¿Raquel?- susurró Mary con voz temblorosa.
No hubo respuesta alguna. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. La oscuridad le dificultaba la visión. Pudo, a duras penas, vislumbrar la silueta de un hombre justo delante del árbol. Antes de que pudiera reaccionar, unas manos la agarraron de los tobillos y tiraron de ella hacia fuera del hueco, lo que provocó que cayera de boca al suelo. Sintió un agudo dolor en la nariz y cómo un hilo de sangre bajaba por ésta. Por el olor a putrefacción supuso que se trataba de un muerto. Horrorizada, intentó levantarse, pero éste volvió a agarrarla por los tobillos y empezó a arrastrarla hacia algún lugar desconocido. Mary, desesperada, intentaba aferrarse a cualquier cosa a su alcance. Hundió las uñas en la tierra, pero no sirvió de nada puesto que el monstruo era más fuerte. Busco rápidamente su pistola en los bolsillos de su chaqueta pero debió de haberse caído, puesto que no la encontró. No pudo reprimir el grito de terror que se escapó de su garganta. De pronto escuchó un fuerte estallido y el bosque se iluminó por un segundo. La criatura soltó sus tobillos y se desplomó en el suelo. Mary se arrastró, aterrorizada, lejos del cadáver y permaneció sentada en el suelo, sin poder contener el llanto.
-Raquel- susurró entre sollozos.
Sintió a alguien que se arrodillaba a su lado. Unos brazos la rodearon. En seguida supo que no se trataba de Raquel como había esperado.
-Ya ha pasado- susurró Michael estrechándola- vas a estar bien.
-¡Déjame en paz!- lloró ella.
Sin embargo no se resistió. Se aferró a él con fuerza, hundiendo la cara en su pecho y manchándole la camisa de sangre y lágrimas. Él olía a sudor y a tierra, pero no le importaba. Ella sólo necesitaba un abrazo. Realmente lo necesitaba.

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