sábado, 23 de abril de 2011

~ Capítulo 15 ~

-Debemos irnos- susurró Michael separándose un poco de Mary que lo agarraba con fuerza.
Ésta lo soltó avergonzada. Michael se levantó y tomó la linterna. Empezó a darle golpecitos y se encendió un poco. Sin embargo tan pronto como se había encendido volvió a apagarse.
-Hace un rato que no funciona- se quejó él que seguía golpeándola- deben de habérsele gastado las pilas.
Finalmente la linterna volvió a emitir luz, pero muy debilmente.
-Vamos- dijo Michael y enfocó con la linterna el rostro de Mary, que seguía en el suelo - estás sangrando.
Ella apretó los ojos molesta y se limpió desdeñosamente con la mano el hilo de sangre que le goteba por uno de sus orificios nasales. Se levantó con dificultad y permaneció un rato de pie, tambaleándose.
-¿Puedes andar?
-Me duele un poco el tobillo- dijo Mary con un hilo de voz- y estoy tan cansada...
Sin mediar palabra, Michael se acercó a ella y la cogió en brazos. Se tambaleó  un poco y como pudo enfocó los árboles con la linterna. Respiró hondo y antes de avanzar añadió.
-Todo va a ir bien.


Raquel abrió la puerta del Jeep y se desplomó en el asiento del copiloto. Apretó los ojos y se pasó las manos por la cara, intentando no llorar. Estaba exausta, las piernas le dolían demasiado. Miró el reloj y comprobó que ya pasaban de las doce. Había fracasado, ni rastro de Mary. Michael tardaba en llegar. Miró a través de la ventanilla del vehículo, pero no se veía nada, todo estaba oscuro. Su desesperación aumentaba más a cada segundo que pasaba ¿qué haría sin Mary? ¿merecía la pena vivir en un mundo donde, con toda seguridad, todos estaban muertos? Siempre había sido un espíritu libre. Ella y Mary habían hecho lo que se les antojaba, jamás necesitaron a nadie. Pero todo había cambiado, ya no quedaba nadie a quien necesitar. La esperanza que momentos antes había tenido de encontrar a sus padres vivos, se había esfumado por completo. Sin Mary no tenía sentido.
De pronto, divisó una débil luz entre los arboles que se iba acercando lentamente. El corazón le dió un vuelco. Insconscientemente apretó la pistola que sobresalía del bolsillo de sus vaqueros. Cuando la luz estaba tan sólo a unos metros de distancia del coche, Raquel encendió los faros, y vio que se trataba de Michael. Mary dormitaba en sus brazos. Raquel suspiró de alivio y sonrió con entusiasmo a Michael a través del parabrisas. Éste le devolvió la sonrisa.
-Ayúdame a abrir la puerta- dijo.
Raquel salió del vehículo y abrió la puerta trasera del mismo. Michael colocó torpemente a Mary a lo largo de los asientos traseros. Ésta estaba pálida y presentaba signos de deshidratación.
-¿Está bien? -le preguntó Raquel ansiosa.
Michael asintió.
-Deberíamos darle algo de agua, con todo el calor que ha hecho hoy...- siguió Raquel hablando nerviosa mientras iba en busca de alguna botella.
Michael se quedó apoyado en la puerta del coche, observando a Mary que permanecía con los ojos cerrados. Vio su chaqueta tirada sobre el suelo del coche. Se la había quitado por la tarde debido al calor, sin embargo en esos momentos sentía frío. Cogió la chaqueta, pero en vez de ponérsela, cubrió a Mary con ella.
Entonces llegó Raquel con una botella de agua y él se dirigió al asiento delantero donde se sentó frente al volante. ¿Estaría el coche en condiciones de seguir adelante? observó la horquilla que seguía dentro de la cerradura. La giró con miedo. Para su sorpresa, el motor rugió alegremente.
Raquel entró en el coche, sentándose a su lado con la botella de agua todavía en sus manos. Ambos permanecieron un rato en silencio, escuchando el sonido del motor.
-Es débil- dijo Raquel echándo un vistazo detrás de su asiento- intenta no aparentarlo, pero no le sale muy bien...
Michael no dijo nada. Pisó el acelerador y minutos después continuaban por la carretera de camino a Encino.


Mary abrió los ojos sobresaltada. Un sudor frío le cubría la frente. Le dolía todo el cuerpo aunque ya no se sentía tan cansada. No reconocía dónde estaba. La luz que se filtraba a través de la persiana de una ventana cercana le permitía ver una espaciosa y sencilla habitación, en la que sólo había una cama, sobre la que estaba tumbada, un escritorio y un enorme armario. Acababa de tener una pesadilla, que había desaparecido de su mente al despertar. Se incorporó y se dió cuenta de que le habían limpiado las heridas y puesto su pijama. Tenía las manos vendadas y tiritas en la cara y las estremidades. En ese momento entró Raquel por la puerta con una bolsa en la mano. Vio a Mary despierta y sonrió con ganas.
-Vaya, veo que ya estás despierta.
-Sí...- dijo Mary levantándose de la cama. Se llevó la mano a la espalda y farfulló algo mientras se ponías las zapatillas.
-¿Qué te duele ahora, llorica?- dijo Raquel divertida.
-Mejor pregunta qué no me duele- respondió Mary arrojándole la almohada- por cierto ¿dónde diablos estamos?
-En Hayvenhurst.
-Ah, claro, en Hayvenhurst- dijo Mary con ironía- ¿Podrías ser más exacta?
-En la casa de Michael- respondió Raquel poniendo los ojos en blanco y tirándole la bolsa que llevaba- vístete y baja, Michael está haciendo el desayuno.
Mary cogió la bolsa al vuelo y frunció el ceño.
-¿Por qué no bajas y le ayudas? ¿y si se parte una uña y le da un ataque de nervios?
Raquel la miró seria.
-No deberías de ser dura con él, después de todo te ha salvado la vida.
-No me habría tenido que salvar la vida si no me hubiese dejado tirada con todos esos monstruos malolientes a mi espalda.
-Oye, lo está pasando mal. Su familia no estaba cuando llegamos. Michael dice que se han llevado ropa y que probablemente hayan hecho las maletas y estén vivos en algún lugar, pero...
-¿Y eso qué tiene que ver conmigo?- la interrumpió Mary mirándola de soslayo- ¿crees que yo no lo estoy pasando mal?
Raquel no dijo nada. Puso los ojos en blanco otra vez y salió del cuarto dejándola sola.

sábado, 9 de abril de 2011

~ Capítulo 14 ~

Michael permanecía sentado frente al volante con los ojos cerrados. La camisa se le adhería a la piel debido al sudor pese a que la calor ya no era tan insoportable. Abrió un ojo y echó un vistazo a su reloj. Casi las ocho de la tarde. Habían pasado muchas horas desde que Raquel se fue en busca de Mary, aun no había regresado. Estaba preocupado.
Volvió a cerrar los ojos e intentó dormirse y así, quizás, conseguir algo de paz mental. Pero fue en vano. Ni su cerebro ni su cuerpo parecían querer hacerle el favor.
Unos pasos que escuchó cerca del Jeep le hicieron abrir los ojos de nuevo. Miró a través de la ventanilla y vio a Raquel acercándose. Ésta abrió la puerta del coche y se sentó a su lado. Michael la miró ansioso, interrogándola con la mirada. No hizo falta que le dijera nada.
-No la he encontrado- dijo Raquel derrotada- está oscurecido, el bosque es demasiado espeso.
Michael no dijo nada. Suspiró y se paso la mano por la frente apartándose el pelo de la cara.
-¿Qué hacemos?
-Voy a volver- dijo Raquel rebuscando en su bolso- cogeré la linterna y seguiré buscando. No me vendría mal algo de ayuda.
Michael asintió en silencio. Raquel le entregó un arma y una brújula.
-Si no hubiera sido tan idiota ahora mismo estaríamos en Encino- se quejó Michael- todo esto es por mi culpa.
Raquel no supo que decir. En ese momento sintió pena por él. Abrió la guantera y sacó una botella de agua. Dió algunos tragos y se quedó pensativa.
-Oye, deja de torturarte- dijo finalmente- todos hacemos cosas estúpidas cuando estamos nerviosos, supongo.
Michael le quitó la botella de un manotazo y se bebió la mitad de un trago. Quedó muy dramático, pero no le hizo sentir mejor.
-Deberíamos irnos- dijo y ambos salieron del Jeep.
-Nos separaremos- dijo Raquel mientras cerraba la puerta del coche a su espalda- yo iré en esta dirección. A media noche nos reuniremos aquí.
Michael asintió. Parecía ausente.
-En marcha- dijo Raquel dándole una palmada de ánimo en el hombro.
Se disponía a irse pero Michael la detuvo.
-Espera- dijo.
Raquel se giró. Hubo una pausa. Michael clavó sus enormes ojos marrones en los de ella. Ésta sintió un cosquilleo en el estómago. Lo miró ansiosa esperando a que hablara.
-Ten cuidado- dijo él finalmente.
Raquel asintió y sonrió con timidez. Se sintió tonta entonces. Por un momento había creído que Michael le diría cualquier otra cosa.
-Tú también- añadió nerviosa.
Y ambos se introdujeron en el bosque.


Pasaba el tiempo y Mary seguía en el hueco del árbol. Había perdido la noción del tiempo y llevaba tantas horas ahí dentro que no sentía las piernas. Ya había oscurecido, todo a su alrededor era oscuridad. Empezaba a hacer frío. El sonido de unos pasos cerca de allí rompió el silencio.
-¿Raquel?- susurró Mary con voz temblorosa.
No hubo respuesta alguna. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. La oscuridad le dificultaba la visión. Pudo, a duras penas, vislumbrar la silueta de un hombre justo delante del árbol. Antes de que pudiera reaccionar, unas manos la agarraron de los tobillos y tiraron de ella hacia fuera del hueco, lo que provocó que cayera de boca al suelo. Sintió un agudo dolor en la nariz y cómo un hilo de sangre bajaba por ésta. Por el olor a putrefacción supuso que se trataba de un muerto. Horrorizada, intentó levantarse, pero éste volvió a agarrarla por los tobillos y empezó a arrastrarla hacia algún lugar desconocido. Mary, desesperada, intentaba aferrarse a cualquier cosa a su alcance. Hundió las uñas en la tierra, pero no sirvió de nada puesto que el monstruo era más fuerte. Busco rápidamente su pistola en los bolsillos de su chaqueta pero debió de haberse caído, puesto que no la encontró. No pudo reprimir el grito de terror que se escapó de su garganta. De pronto escuchó un fuerte estallido y el bosque se iluminó por un segundo. La criatura soltó sus tobillos y se desplomó en el suelo. Mary se arrastró, aterrorizada, lejos del cadáver y permaneció sentada en el suelo, sin poder contener el llanto.
-Raquel- susurró entre sollozos.
Sintió a alguien que se arrodillaba a su lado. Unos brazos la rodearon. En seguida supo que no se trataba de Raquel como había esperado.
-Ya ha pasado- susurró Michael estrechándola- vas a estar bien.
-¡Déjame en paz!- lloró ella.
Sin embargo no se resistió. Se aferró a él con fuerza, hundiendo la cara en su pecho y manchándole la camisa de sangre y lágrimas. Él olía a sudor y a tierra, pero no le importaba. Ella sólo necesitaba un abrazo. Realmente lo necesitaba.

sábado, 2 de abril de 2011

~Capítulo 13 ~

-¡Da la vuelta!- gritó Raquel- ¿Qué demonios estás haciendo?
Michael no contestó. Aceleró más y permaneció mirando al frente, asustado.
-¡Hazlo ya!- volvió a gritar Raquel.
-¡No!- dijo Michael con voz temblorosa- no pienso volver allí.
-Da la vuelta ahora o lo haré yo- le advirtió Raquel intentando mantener la calma.
Michael esta vez inexpresivo, permaneció impasible. Ante su muda respuesta, Raquel decidió actuar, agarrando el volante y tirando de él hacia ella. Michael sorprendido, intentó, en vano, liberar el volante de las manos de Raquel y recuperar así el control del vehículo. Ambos agarraban el volante con fuerza y tiraban de él hacia lados opuestos, lo que provocó que el coche avanzara en zig-zag. Tras unos segundos más de forcejeo el coche se desvió a la derecha llevándose por delante parte del quitamiedos y cayendo a gran velocidad por la pendiente. Finalmente, éste se empotró contra un árbol.


Mary se detuvo y se giró para disparar a las criaturas que la perseguían. Eran por lo menos veinte. Logró disparar a unos cuantos antes de salir por patas, ya que éstos se iban acercando. No lograría despistarlos en la carretera, así que corrió velozmente en dirección al quitamiedos y lo saltó. Debido al miedo y las prisas no calculó bien y cayó rodando pendiente abajo, arañándose la cara y sus ya malheridas manos, con las que intentaba frenar la caída. Cuando llegó al suelo estaba completamente agotada y destrozada, pese a todo, se levantó e intentó seguir adelante. Sus manos estaban ensangrentadas y a juzgar por el rojo intenso que teñía sus vaqueros, sus rodillas también lo estaban. Además le dolía mucho el tobillo y cojeaba al andar. Miró atrás y vio cómo unos cuantos muertos caían rodando por la pendiente, ya que su inteligencia no les permitía bajar de otro modo. La diferencia era que ellos, al menos, no sentían dolor. Sin pensárselo dos veces, Mary se internó en el bosque, con la esperanza de que en la espesura no existiera ningún monstruo que la acechara.


Raquel abrió la puerta del coche con rapidez y cerró de un portazo. Michael la imitó y miró, decepcionado, el humo que surgía del capó del coche, así como la parte delantera del vehículo que estaba destrozada. Raquel en cambio, no reparó en ello. Abrió el asiento trasero y cogió una de las bolsas que contenía armas. Se llenó los bolsillos con una gran cantidad de casquillos y tomó la escopeta además de una brújula. Michael la observaba sin mover ni un músculo, no sabía qué hacer, no quería volver a meter la pata. Además de asustado se sentía culpable ¿En qué estaría pensando? No pretendía dejar a Mary allí tirada, simplemente se había dejado llevar por el pánico. Por su culpa todo se había ido al garete. Por su culpa incluso Mary podría estar muerta. Intentó alejar ese pensamiento de su mente, ya que sólo imaginárselo le producía dolor de estómago.
-¿Qué hago?- preguntó Michael débilmente.
-Nada- respondió Raquel sin mirarlo mientras introducía de nuevo la bolsa en el Jeep.
-Solo quiero ayudar- dijo con voz temblorosa.
- Ya has ayudado bastante- respondió Raquel con sarcasmo- quédate ahí y no te muevas hasta que yo vuelva ¿me oyes?
Michael asintió tristemente y observó cómo ésta se alejaba. 


Raquel subió de nuevo a la carretera y siguió el camino por el que habían pasado momentos antes con el Jeep. Tras un rato caminando, divisó a lo lejos a los muertos, todos miraban con sus ojos sin vida en dirección a un punto concreto detrás del quitamiedos. Probablemente Mary había bajado por ahí. Se aseguró de que la distancia entre ella y los muertos era aceptable y se deslizó cautelosamente de nuevo por la pendiente. Con ayuda de la brújula, avanzó entre la vegetación acercándose al lugar donde creía que hallaría a Mary.


Mary consiguió despistar a las criaturas. No sabía cuánto tiempo llevaba andando, pero estaba tan agotada que no le importaba. Sólo buscaba un sitio en el que poder descansar sus castigados pies. Tras un rato más de caminata, encontró un árbol enorme con un gran hueco en su interior. Agradecida y con la esperanza de que no estuviera habitado por ningún animal, se introdujo en él. Era lo suficientemente grande como para que ella cupiera dentro, pero no lo bastante para moverse demasiado. Era un alivio descansar los pies. Las manos continuaban sangrándole, el escozor era insoportable. Tiró de un trozo de tela rasgada de su camiseta y se hizo unas vendas provisionales con las que se cubrió las manos. Hacía calor y empezaba a sentir sed. Estaba angustiada, convencida de que era el fin para ella. Allí jamás la encontrarían, pero estaba demasiado asustada y cansada para salir. Se abrazó a sí misma y lloró en silencio, recordando y dándole vueltas una y otra vez a todo lo que había sucedido. Entonces odió a Michael con todas sus fuerzas. Y siguió llorando, escuchando cómo el viento golpeaba el tronco del árbol y agitaba las hojas del mismo.

sábado, 19 de febrero de 2011

~ Capítulo 12 ~

Como casi todos los días, el sol brillaba intensamente aquella mañana. Raquel, Mary y Michael salían cautelosamente del bloque de pisos cargados de bolsas. Mary miró a ambos lados de la calle. Estaba desierta. La mayoría de los vehículos aparcados por los alrededores estaban destrozados. A lo lejos logró divisar un Jeep azul oscuro que parecía estar en buenas condiciones.
-Está bien, necesito que me cubras, Raquel. Y tú quédate aquí con las bolsas y espera a que regresemos- Dijo señalando a Michael. A continuación abrió una de las bolsas y le tendió una pistola 9 mm. Michael la miró asustado.
-No sé usar una de estas- se quejó.
-Sólo aprieta el gatillo si alguno de esos monstruos aparece- dijo Mary poniendo los ojos en blanco- y apunta lo mejor que puedas, no estamos como para malgastar balas.
Dicho esto dejó las bolsas junto a Michael y corrió en dirección al Jeep seguida por Raquel. Todo despejado, no había ni una sola de esas criaturas. Cuando llegó, pegó la cara a la ventanilla y entornó los ojos. No había nadie, así que se sacó una horquilla del bolsillo y la introdujo en la cerradura de la puerta. Al cabo de un rato, ésta se abrió. Repitió la misma operación para arrancar el coche.
-¿Puedo probarlo un poco?- dijo riendo entre dientes.
-No quisiera que tuviéramos un accidente- le respondió Raquel mientras se alejaba corriendo. Volvió a dónde se encontraba Michael y le ayudó a llegar hasta el coche con las bolsas. Cuando llegaron Mary estaba sentada en el asiento del copiloto. Entre Raquel y Michael metieron las bolsas en el maletero, menos la que contenía las armas y alguna con comida que metieron en los asientos traseros. Ambos entraron en el coche.
-A ver que tenemos aquí- dijo Mary abriendo la guantera.
A continuación sacó un mapa de los Estados Unidos y se lo entregó a Raquel.
-Esto va a sernos de gran ayuda- dijo Raquel desde el asiento trasero.
Mary cogió un paquete de tabaco que había en la guantera. Cogió un cigarrillo, se lo colocó en los labios y lo encendió con un mechero que llevaba en el bolsillo.
-¿Fumas?- preguntó Michael mirándola con desagrado- Eres muy joven.
Mary entrecerró los ojos y siguió fumando haciendo caso omiso a Michael. Se revolvió en su asiento y levantó las piernas dejando descansar los pies sobre el salpicadero. Ciertamente no le caía bien Michael y no tenía ganas de hablar con él.
-Sólo lo hace cuando está estresada- intervino Raquel mientras se abrochaba el cinturón- Quita las piernas de ahí encima y ponte el cinturón, que te vas a matar.
Mary bajó las piernas de mala gana sin embargo no se abrochó el cinturón.
-Bueno ¿a qué estás esperando nos marchamos ya?- añadió bruscamente mirando a Michael de reojo.
Michael no dijo nada y sujetó el volante firmemente. Le sudaban las manos, no se encontraba demasiado bien.
-La verdad es que hace mucho que no conduzco- dijo Michael pasándose la mano por la frente.
-No importa, realmente necesitamos irnos- dijo Raquel.
Michael suspiró y pisó el acelerador. Condujo hasta el final de la calle que desembocaba en una enorme avenida, toda abarrotada de coches abandonados.
-¿Pero por dónde estás tirando?- se quejó Mary.
Michael no hizo caso y siguió conduciendo, esquivando coches torpemente. Mary giró la cabeza y miró a Raquel con el ceño fruncido.
-Se ven bichos de esos a lo lejos, es un suicidio adentrarse más en la ciudad.
-Conozco un atajo, Michael, da la vuelta- dijo Raquel.
Michael obedeció y siguió las indicaciones de Raquel. Al cabo de un rato atravesaban una tranquila carretera que rodeaba la ciudad. Todo estaba muy silencioso puesto que todo era bosque por los alrededores. A lo lejos divisaron un incendio en medio de la carretera. Cuando el Jeep se acercó lo suficiente, pudieron comprobar que se trataba de un coche que estaba en llamas.
Michael paró el coche y miró a Raquel. Ésta agarró su pistola y le hizo un gesto a Mary para que cogiera también la suya y la siguiera. Mary obedeció y ambas salieron del coche.
Se acercaron al coche con cautela. Éste desprendía un calor insoportable y sofocante.
-Probablemente ha chocado con algo- observó Raquel- No te acerques mucho, podría explotar en cualquier momento. La persona que conducía podría estar dentro, probablemente haya muerto, pero si ha escapado no debe haber ido muy lejos.
Entonces se percató de que faltaba una parte del quitamiedos. Detrás de este se extendía una empinada pendiente. Más abajo había un claro en medio de la espesura del bosque. En dicho claro se hallaba una furgoneta que echaba humo.
-¡Bingo!- exclamó Mary.
-Probablemente ambos coches chocaron. Quizás quede alguien dentro de la furgoneta.
Mary asintió y sin pensárselo dos veces atravesó el quitamiedos y bajo deslizándose cuidadosamente por la pendiente. Se acercó a la furgoneta y echó un vistazo a través de la ventanilla. Nada.
-¡Aquí no hay nadie!- gritó desde abajo.
-Está bien, sube antes de que me ase- dijo Raquel que empezaba a tener demasiada calor.
Mary forzó la cerradura de la furgoneta y entró. Miró en la guantera y encontró una 9 mm. No le quedaban muchas balas, pero era algo. Justo cuando salía del coche escucho un fuerte estallido. Miró hacia la carretera y vio que el coche había explotado.
-¡Raquel!- gritó asustada.
Escuchó a Raquel farfullar algo y la vio levantándose del suelo y sacudiéndose los vaqueros con el ceño fruncido. Ésta había corrido y se había tirado al suelo a tiempo. Mary suspiró aliviada y se volvió para registrar el maletero. No había nada que pudiera serles de utilidad: unas sillas de playa y algunos juguetes. Por un instante se quedó mirando aquella imagen. La nostalgia la envolvió pese a que aquellos juguetes no le pertenecían. Tomó un solitario patito de goma amarillo abandonado en una esquina del maletero y lo apretó con una mano. Un ruidito chillón pero triste surgió de él. Antaño había tenido algunos patitos como ese cuando niña, en su hogar. Sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas pero antes de que alguna de ellas pudiera resbalar por sus mejillas, escuchó a Raquel gritar.

Michael, aburrido, permanecía sentado delante del volante. Hacía bastante calor ese día considerando que se encontraban en pleno invierno. No sabía por qué, pero en el fondo, se sentía bien. Había conseguido salir de su rutina más fácilmente de lo que había imaginado. A nadie le importaba él ahora, aunque no estaba seguro de que hubiera alguien más además de las chicas. Esto le parecía gratificante. Por primera vez en su vida se sentía una persona normal. Alargó la mano y encendió la radio. Frustrado, comprobó que las emisoras seguía sin poder oírse. Entonces escuchó a Raquel gritar y se sobresaltó.

Raquel escuchó un ruido a su espalda. Se dio la vuelta bruscamente y quedó horrorizada. Un grupo de muertos andantes se dirigían hacia ella a paso ligero. La mayoría carecía de alguna extremidad. Probablemente el ruido de la explosión los había atraído. Raquel gritó el nombre de Mary y corrió en dirección al Jeep.

Mary miró hacia la carretera alarmada. Inconscientemente, introdujo el patito de goma en el bolsillo de su chaqueta y corrió hacia la pendiente. Varios muertos surgían de entre los árboles. Mary subía la pendiente con bastantes dificultades, ya que ésta era demasiado inclinada. Cuando casi había llegado vio a Raquel algunos metros más alejada disparando a todos los muertos que se acercaban. Mary se levantó con dificultad, estaba toda llena de tierra. Raquel corrió hacia el Jeep seguida por Mary. Llegó primero y subió al coche. Mary seguía corriendo, lo más rápido que podía. Justo en ese instante uno de los zombis golpeó con fuerza la ventanilla junto a la que se encontraba Michael, haciéndola añicos. Michael gritó desesperado y pisó el acelerador justo cuando Mary agarraba el tirador de la puerta, lo que provocó que ésta cayera de bruces a la calzada. Sus manos y rodillas se clavaron en el asfalto. Sintió un terrible escozor. Se levantó trabajosamente y corrió tras el Jeep, desesperada.
-¡Idiota no me dejes aquí!- gritaba histérica mientras un enorme grupo de muertos la perseguía.
Siguió corriendo, sintiendo cómo una gota de sangre se deslizaba desde su rodilla derecha hasta llegar a su calcetín. Se sentía tan cansada, sabía que no alcanzaría el coche. Incrédula, vio como éste se perdía de vista en una curva.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

~ Capítulo 11 ~

Mary que seguía haciendo el té, le daba la espalda. Ambas permanecieron en silencio durante un rato, a Raquel le pareció una eternidad.
-¿Qué dices?- dijo Mary con calma finalmente dándose la vuelta.
-Lo que has oído- dijo Raquel cruzándose de brazos.
-¿Y cómo piensas llegar a Phoenix si puede saberse?
Raquel se quedó pensativa.
-En coche- dijo finalmente.
-Oh si- dijo Mary, con ironía- deja de soñar Raquel, se te olvida algo: no tenemos coche. Además ni siquiera sabes conducir.
-¿Quién ha dicho que vaya a conducir yo?- dijo dirigiendo la mirada hacia el dormitorio.
Mary la miró confusa.
-Sabes que tampoco yo sé conducir.
-No seas tonta, lo hará Michael.
-¿Michael? Ni siquiera sabes si conduce.
-Encontré en su cartera el permiso de conducir.
Mary se quedó pensativa un momento y frunció el ceño.
-¿Y qué hay del coche?
-Creo que dadas las circunstancias, no va a pasar nada por coger uno prestado.
-¿Pretendes que Michael Jackson nos lleve en un coche robado a Arizona?- dijo Mary malhumorada- Es de locos.
-¿Y no es de locos todo lo que está pasando ahí fuera? Mira, sólo quiero saber cómo están mis padres, no tengo la culpa de que los tuyos vivan en Pontiac.
Mary guardó silencio. Se sentía desdichada. Miró con cara de pocos amigos a Raquel y se fue de la cocina dejándola sola. Raquel quería ver a sus padres y podía llegar a Phoenix en coche. Pero Mary también quería ver a los suyos y Michigan estaba a más de tres mil kilómetros de distancia. Era más que difícil llegar en coche. Además los aeropuertos estaban cerrados.
-Oye, no te pongas así- dijo Raquel abandonando también la cocina y siguiendo a Mary.
Mary hizo caso omiso y se encerró en el cuarto de baño dando un portazo. Michael había estado mirando la escena. Raquel lo miró y sonrió. Michael en cambio la miró desconcertado.
-Michael- dijo con voz melosa- ¿Me harías un favor?
-Eeeh...
-¿Me llevarías en coche a Phoenix?
-¿Para qué?- preguntó más desconcertado aún.
-Quiero ver a mis padres y...
-Yo también quiero ver a los míos- Le interrumpió Michael.
Raquel empezó a irritarse. No tenía ganas de tonterías con Michael después de que Mary se hubiera enfadado con ella.
-Mira, no hagas las cosas más difíciles- dijo Raquel intentando mantener la calma- ¿Qué quieres a cambio?
-Quiero ir a Encino.
Raquel arqueó las cejas a modo de interrogante.
-Oye, que yo también tengo familia- se quejó Michael.
-Está bien- dijo Raquel suspirando.
-¿Cuándo partimos?-preguntó Michael levantándose.
Raquel se encogió de hombros. Todavía tenía que saber si Mary quería ir con ellos, no iba a dejarla sola en Los Ángeles. Se acercó a la puerta del baño y dio unos golpecitos con los nudillos.
-Mary, sal por favor, no pretendía enfadarte.
Se escucharon unos cuántos ruidos dentro del cuarto de baño y al cabo de un rato salió Mary. Parecía avergonzada.
-Lo siento- susurró.
-Anda, no te enfades, ya encontraremos la forma de ir a Pontiac- dijo Raquel con calma.
Mary asintió distraídamente. Habían pasado varias horas desde el accidente con los muertos en la calle. Raquel no había, todavía, mostrado signos de estar infectada. Mary no se sentía ya tan preocupada. Se sintió como una tonta por haberse enfadado con Raquel, ella no tenía la culpa.
-Michael va a llevarme a Phoenix ¿Vienes?
-Claro, no os voy a dejar tirados, después de todo ¿Qué haríais sin mi?
Raquel sonrió:
-Eso mismo me pregunto yo.
-¿Cuánto tiempo piensas pasar allí?
-No lo sé ,quizás unos días.
-¿Cuándo partiremos?
-Mañana mismo, vamos chicos empecemos a preparar ya las cosas.- ordenó Raquel.
Las chicas empezaron a colocar la ropa encima de la mesa mientras Michael se daba una ducha. Cuando acabaron metieron las prendas en bolsas de basura, ya que no disponían de maletas. Llevarían solo lo necesario, unos abrigos y unas cuantas camisas.
En ese instante Michael salió de la ducha. Las chicas se quedaron mirándole, solo llevaba puestos unos pantalones ajustados y sobre su pecho se notaban unas pequeñas gotas de agua que le habían caído al tener el pelo mojado.
Michael se dio cuenta y miró a las chicas avergonzado.
Raquel desvió la mirada, pero el tener a un hombre tan atractivo en su propia casa vencía sus fuerzas.
-Será mejor que te abrigues mas o cojeras un resfriado- dijo la chica nerviosa.
-Si tienes razón, pero olvidé coger una camiseta limpia.
Entonces Raquel abrió una de las bolsas y le pasó una de las camisetas a Michael.
El chico se la colocó enseguida y le dio las gracias a Raquel.
-Bueno tengo hambre -dijo Mary mientras le ofrecía a los chicos unos refrescos que acababa de sacar de la nevera.- ¿Qué os apetece: comida enlatada, comida enlatada o comida enlatada?
-¡Anda desastre! Dejadme a mi que os prepare unos bocadillos.
Las dos chicas entraron en la cocina y se miraron con una sonrisa traviesa en la cara.
-Pero bueno, ¿este hombre pretende que me de un ataque al corazón o qué?- dijo Raquel mientras intentaba preparar los bocadillos.
-Es sexy eh- se burló Mary.
Raquel intentó fulminarla con la mirada, pero no pudo evitar reír al escuchar esas palabras, Mary tenia razón.

martes, 14 de septiembre de 2010

~ Capítulo 10 ~

Raquel se encontraba fuera del supermercado. El cielo estaba tan nublado que parecía de noche. Cómo no le cabían todas las latas en la mochila decidió llevar algunas en la mano derecha, mientras que con la izquierda sostenía una pistola por si uno de esos cadáveres andantes decidía saludarle.
Cuando se encontraba ya cerca de casa tropezó con un hombre que iba corriendo sin mirar a dónde iba, lo que produjo que a Raquel se le cayeran algunas latas.
-¿Aquí todo el mundo se ha vuelto loco?- farfulló.

Entonces cuando se agachó para cogerlas vio unos zapatos bastante sucios y rotos. Levantó la vista y vio a un vagabundo que parecía estar muy asustado. Éste no dijo nada y siguió corriendo, entonces Raquel vio unos cuántos muertos que se dirigían hacia ella. Agarró la pistola con fuerza y se levantó de un salto. La chica se quedó observando unos segundos aquellos horrendos rostros.
Daba miedo la manera en que se movían. Eran demasiados, a la chica entonces no se le ocurrió otra cosa que huir. Pero en ese instante, por la espalda, alguien la atacó agarrándola por el pelo. La pistola cayó al suelo . El único arma que le quedaba a la chica era su cuerpo. Raquel recordó vagamente las clases de kárate que dio de pequeña. Agarró los brazos de su contrincante y lo tiró al suelo. Aquel monstruo permaneció unos instantes en el suelo, como desorientado. La chica aprovechó para huir, se dio la vuelta y entonces se vio rodeada de unas cuatro bestias malolientes. Era imposible salir viva de aquella pelea. Cuando salio corriendo en la otra dirección tropezó con otro zombie que estaba a su espalda y la agarró del brazo.


Mary se asomó por la ventana de nuevo y lo que vio le preocupó. No se lo pensó dos veces y salió corriendo escaleras abajo hasta salir a la calle. Michael vio cómo ésta salía disparada hacia abajo y se asustó. Corrió hasta la ventana y miró. Lo que vio lo dejó alucinado.
Mary vio la pistola en el suelo, la cogió y pudo disparar a dos de los muertos vivientes. Justo en ese instante, se le agotaron las balas y uno de los monstruos se acercó a ella. Se quedó paralizada. El muerto se acercaba cada vez más, entonces Raquel, que estaba herida, le golpeó en la cabeza con una lata de conserva. Antes de que el ser que quedaba lograra alcanzarlas, las chicas huyeron a todo correr.
Las dos entraron en el piso. Mary colocó a Raquel con cuidado en una de las camas mientras que Michael, que había estado observando por la ventana en todo momento, iba en busca de el botiquín.
Raquel tenía unos cuantos arañazos en la cara, aunque no parecían muy graves, tenía un corte con bastante mala pinta en el abdomen, y no paraba de sangrar. Tenía toda la ropa ensangrentada aunque parte de la sangre también provenía de los zombies. Esto preocupó a Mary, y deseó con todas sus fuerzas que la sangre de esos seres no hubiera entrado en contacto con las heridas de Raquel. La curó lo mejor que pudo, Raquel no dejaba de quejarse. Entonces Mary se dispuso a colocarle ropa limpia a Raquel, y tiró la que tenía anteriormente puesta.
Sabía que Raquel se iba a enfadar, porque era su camiseta preferida, pero estaba empapada de sangre y muy rasgada. Michael observaba la escena, asustado.
En ese momento, alguien aporreó la puerta.
Mary que estaba ocupada con Raquel no podía abrir, así que le hizo un gesto a Michael para que fuera. Michael miró a través de la mirilla.
-¿Quién es?- susurró Mary.
-Eeeh... No sé - Michael dudó unos instantes- Es un hombre pero está muy oscuro.
Mary fastidiada se dirigió a la puerta y echó un vistazo por la mirilla. Se podía ver la silueta del señor Johnson en la oscuridad del portal. Mary puso los ojos en blanco y giró el pomo de la puerta. Nada más abrir la puerta lo que se suponía que era el señor Johnson se abalanzó contra Mary. Ésta lo esquivó a tiempo, provocando que el ser chocará con un mueble.
Mary corrió a por su pistola, que se encontraba en la mesa. Entonces el señor Johnson se levantó y esta vez cargó contra Michael que estaba paralizado de miedo que tenía. Michael gritaba mientras sujetaba al ser por los brazos, impidiendo así que éste le mordiera. Tenía el rostro completamente destrozado, era una visión bastante desagradable. Entonces Mary le disparó en la cabeza, quedando Michael libre y, además muy afectado.
-¿Estás bien?- le preguntó Mary.
Michael no dijo nada. Estaba muy pálido, no tenía buen aspecto. Se dirigió al baño y cerró la puerta tras de si. Mary se quedó parada mirando el cadáver en el suelo, pensativa. Escuchó cómo Michael vomitaba tras la puerta del baño.
Mary se dispuso entonces a limpiar todo ese desastre. Arrastró el cadáver como pudo hasta el portal y lo dejó tirado en el rellano de la escalera. Entró en casa y cogió un cepillo de dientes y con agua y jabón comenzó a intentar limpiar las manchas de sangre de la moqueta. Raquel la observaba preocupada desde la cama.
-Estoy preocupada por mis padres- dijo.
Mary levantó la vista un momento.
-Seguro que están bien- dijo volviendo a lo suyo, aunque ella también estaba preocupada.
-Eso no lo sabes.
Mary la miró con el ceño fruncido.
-¿Y qué?- dijo desviando la mirada y restregando el cepillo de dientes en la moqueta.
-¿Qué? ¡Son mis padres!
-¡Mierda, las manchas de sangre no salen!- dijo Mary haciendo caso omiso y tirando con rabia el cepillo de dientes al suelo.
-Te estoy hablando en serio, necesito verlos y...

-Yo también tengo padres ¿Recuerdas? - La interrumpió Mary- Pero ¿Qué quieres que hagamos? No podemos hacer nada ahora.
Raquel no dijo nada, parecía molesta. Mary entonces recordó lo que hacía un momento había pensado ¿Estaba Raquel infectada? ¿Cuánto tardaría entonces en desarrollarse la enfermedad? Entonces tuvo miedo. En ese momento salió Michael del baño, con peor aspecto del que tenía cuando entró. Mary se levanto del suelo y se acercó a él.
-Tenemos que hablar- le susurró. Michael la siguió hasta la cocina.
-Creo que Raquel puede estar infectada.
-¿Y qué quieres que le haga yo?- dijo Michael angustiado- Estoy harto de todo esto.

-Oye, no te pongas así, sólo quería saber si tienes alguna idea.
Michael no dijo nada.
-Supongo que tendremos que esperar- añadió Mary.
Michael bufó y salió de la cocina. Miró con miedo a Raquel y se sentó lo más alejado que pudo de ella. Ella lo miró desconcertada.
-¿Estás bien?- le preguntó.

 Michael asintió, aunque era evidente que no lo estaba. Raquel se levantó con dificultad y fue a la cocina donde Mary se encontraba preparando un té.
-¿Qué haces? Vas a hacerte daño- dijo Mary al verla entrar por la puerta.
-No, estoy bien- dijo Raquel sacando las latas de conserva de su mochila, que por cierto, muchas de ellas se habían quedado en la calle.
 

-Me voy a ver a mis padres.

jueves, 9 de septiembre de 2010

~ Capítulo 9 ~

-Oh dios mío- susurró Raquel frotándose los ojos.
-¿Qué ocurre?- preguntó Mary acercándose a la ventana.
Cuando miró a la calle se quedó tan atónita como Raquel. En la acera de en frente había un hombre. Esto no tendría nada de extraño no ser porque al hombre le faltaba un brazo, de hecho, parecía que se lo habían arrancado de cuajo, muy recientemente además. Éste estaba empapado debido a la lluvia y estaba gimiendo y golpeando la con fuerza la puerta trasera del supermercado, de ahí el incesante ruido metálico.
-¡Por dios Mary, ese hombre necesita ayuda!- exclamó Raquel al cabo de un rato, dirigiéndose a la puerta y poniéndose el abrigo encima del pijama.
Michael observaba a las chicas con curiosidad e intentaba erguirse para echar un vistazo a través de la ventana. Sus esfuerzos eran inútiles.
-Voy contigo- dijo Mary cogiendo su abrigo también.
-No, mejor quédate con Michael.
-Oh vamos, si se escapa lo veremos salir, no vas a bajar ahí tú sola.
Raquel asintió y suspiró.
-Anda, vamos- dijo cogiendo las llaves.
Mary, que tenía un mal presentimiento, abrió el armario y cogió un bate de béisbol que guardaba desde hacía tiempo. No le había encontrado utilidad hasta entonces. Raquel la interrogó con la mirada.
 -Podría ser útil- dijo Mary encogiéndose de hombros.
Raquel puso los ojos en blanco y salió por la puerta.
Ambas bajaron deprisa las escaleras. Salieron a la calle y se acercaron a donde se encontraba el hombre. Éste permanecía de espaldas dando golpes en la puerta.
-¿Quiere que llame a una ambulancia, señor?- balbuceó Raquel.
El hombre se detuvo, pero no se volvió. Mary frunció el ceño. Olía muy mal, como a podrido. Raquel se disponía a decir algo más cuando el hombre se dio la vuelta. Entonces se percataron de que no era un hombre, ya no. Parecía tener media cara podrida, además le faltaba un ojo. Las chicas se quedaron petrificadas de horror. La criatura hizo una mueca horrible, dejando así ver sus dientes sarrosos. Entonces lanzó un gemido ensordecedor, provocando que varios dientes se salieran de su boca, acompañados de lo que parecía saliva y sangre. Entonces ocurrió todo muy rápido. La criatura se abalanzó contra Raquel, pero antes de que pudiera tocarla, Mary reaccionó y le golpeó fuertemente con el bate en el cráneo. Éste se desplomó en el suelo haciendo un ruido sordo y salpicando sangre por todas partes.
Ambas se quedaron un rato paradas, bajo la lluvia, con la respiración agitada, esperando que se les pasara el susto. Esperaron en vano.
-¿Estás bien?- le preguntó Raquel a Mary que estaba muy pálida. Le había salpicado sangre hasta en la cara, y su abrigo estaba todo manchado. Raquel también tenía su ropa manchada de sangre.
-Joder- dijo Mary al cabo de un rato mientras intentaba limpiarse la cara con las mangas el abrigo-¿Qué coño era eso?
Raquel no dijo nada. Ambas se fueron de vuelta al piso. Cuando Michael las vio entrar se quedo asombrado. Ambas estaban pálidas y asustadas, sus ropas estaban hechas un desastre. Mary todavía tenía rastros de sangre en la cara.
-¿Qué ha pasado?- preguntó algo asustado.
Mary lo miro de reojo mientras se quitaba el abrigo.
-No vas a creerlo- dijo.
-Inténtalo.
Mary se sentó en el sofá frente a Michael. Se pasó la mano por el cabello y suspiró dramáticamente. -Abajo nos hemos encontrado con un zombie amigo tuyo y nos hemos montado un bailecito. Michael la miró molesto.
-Que te den- dijo.
-Es verdad, pregúntale a Raquel- dijo Mary y se dirigió al baño. Esperaba que meterse un poco con Michael la haría sentir mejor. Pero no era así.
-Raquel voy a darme un ducha- dijo.
-Avisa cuando acabes.
Raquel estaba sentada en una de las camas. Estaba todavía pálida.
-¿No vas a contármelo tú tampoco? ¿Habéis matado a alguien?- Dijo Michael asustado.
-No Michael, no ha pasado nada- dijo ella casi sin hacerle caso, pues estaba sumida en sus pensamientos.
No podía parar de reproducir mentalmente la escena una y otra vez. Michael farfulló algo que Raquel no pudo oír, pero le daba igual. En esos momentos todo le daba igual, incluso Michael.
-Pero...- Michael se disponía a formular otra pregunta pero Raquel lo interrumpió.
-Mira, déjame ya- dijo malhumorada- Acabo de ver algo horrible y no tengo ganas de hablar contigo ¿Vale?
Michael parecía molesto. No volvió a mencionar el tema.

Aquella mañana el cielo estaba muy nublado. Demasiado. Raquel iba de aquí para allá preparando su mochila y vistiéndose. Las dos estaban muy cansadas. La noche anterior no habían pegado ojo.
-Parece que va a llover otra vez- dijo Mary corriendo un poco la cortina.
Raquel que ya se había vestido tomó el paraguas.
-Tendré que dar dos viajes- dijo mirando el interior de la mochila
- No creo que pueda llevar toda la compra yo sola. Suspiró y se fue cerrando la puerta con llave.
Mary que todavía estaba en pijama se sentó en el sillón y cogió la radio. La mayoría de las emisoras no se escuchaban, y en las pocas que si, no hacía más que hablar de los nuevos habitantes de la Tierra: los muertos vivientes. No decían nada que no supieran ya. Se puso muy nerviosa entonces. Era evidente que sus planes no habían salido como esperaba. Todos estaban muy ocupados hablando sobre esa desastrosa situación ¿Quién iba a preocuparse por Michael Jackson ahora? Entonces se preguntó ¿Qué iban a hacer con Michael entonces? ¿Qué iba a pasar con esos monstruos sueltos por la calle? ¿Iba a acabar todo así?
Intentó no pensar en ello. Siguió pasando las emisoras y sintió que Michael la observaba. Mary lo miró malhumorada. Éste rápidamente desvió la mirada incómodo. Mary se puso más nerviosa entonces. Volvió a concentrarse en la radio.
-Parece que se han olvidado de ti, Jackson- dijo finalmente apagándola.
Michael ignoró el comentario.
-Quiero mi ropa ¿Está ya limpia?-dijo molesto.
Mary lo miró fastidiada y se dirigió a la cocina. Raquel la había dejado encima de la lavadora. No estaba muy bien planchada, pero tendría que aguantarse. Se la llevó a Michael, lo desató y le dejo entrar al baño.

No había mucha gente en el supermercado. Seguramente todos había hecho la compra el día anterior. Además sólo había dos empleados. Uno de ellos estaba atendiendo a una señora en la caja, el otro paseaba nervioso con una escopeta en sus manos. Raquel entró por la puerta y tuvo que taparse la nariz al pasar junto a un cadáver de una mujer que yacía en el suelo. Tenía un orificio en la frente, le había disparado.
-Era uno de ellos- dijo nervioso el empleado de la escopeta al ver a Raquel que lo miraba horrorizada. Ella asintió e intentó sonreír, pero no le salió. Se dirigió rápidamente al interior del supermercado y cogió una cesta que empezó a llenar de comida enlatada.

Mary se asomó a la ventana. Vio a uno de esos seres deambulando cerca de la basura. Se movía de forma descoordinada y algo lenta, sin embargo no era tan lento como Mary hubiera deseado. Al rato salió Michael del baño con su camisa color rojo toda arrugada. Miró malhumorado a Mary que seguía mirando por la ventana y se sentó en la silla.
-¿No vas a atarme?- preguntó Michael poniendo los ojos en blanco al ver que ella no le hizo ni caso.
Mary, que en realidad no se había percatado de su presencia, dio un respingo y se volvió para mirarlo.
-No- dijo con calma.
Michael la miró confuso.
-No vas a escaparte hoy- siguió Mary- No creo que te atrevas a salir a la calle tal y como está.
Michael frunció el ceño. Estaba más confuso todavía. Mary le hizo un gesto para que se acercara a la ventana. Éste obedeció y miró. Entonces se quedó boquiabierto. Había unos cuantos coches aparcados en la calle, todos estaban completamente destrozados. El muerto que Mary había visto cerca de los contenedores, ahora estaba intentado entrar en uno de ellos. Quizás quedaba alguien dentro. El ser gimoteaba y golpeaba el coche con insistencia, cortándose con los cristales que quedaban una de las ventanillas. Parecía no sentir dolor alguno. Michael siguió mirando la calle incrédulo. Había sangre en la acera y se percató del cadáver con el que se habían encontrado las chicas la noche anterior. Seguía boca abajo en el suelo, como tenía que ser. Michael se apartó de la ventana y se pasó la mano por el cabello. Parecía estar conmocionado.
-Así que es cierto lo que dicen en la radio- susurró nervioso al cabo de un rato.
Mary asintió.
-Anoche nos encontramos con uno de ellos- añadió.
Michael no dijo nada. Se sentó en la silla y se pasó las manos por el rostro:
-¿Qué va a pasar ahora?
-No lo sé.