-Debemos irnos- susurró Michael separándose un poco de Mary que lo agarraba con fuerza.Ésta lo soltó avergonzada. Michael se levantó y tomó la linterna. Empezó a darle golpecitos y se encendió un poco. Sin embargo tan pronto como se había encendido volvió a apagarse.
-Hace un rato que no funciona- se quejó él que seguía golpeándola- deben de habérsele gastado las pilas.
Finalmente la linterna volvió a emitir luz, pero muy debilmente.
-Vamos- dijo Michael y enfocó con la linterna el rostro de Mary, que seguía en el suelo - estás sangrando.
Ella apretó los ojos molesta y se limpió desdeñosamente con la mano el hilo de sangre que le goteba por uno de sus orificios nasales. Se levantó con dificultad y permaneció un rato de pie, tambaleándose.
-¿Puedes andar?
-Me duele un poco el tobillo- dijo Mary con un hilo de voz- y estoy tan cansada...
Sin mediar palabra, Michael se acercó a ella y la cogió en brazos. Se tambaleó un poco y como pudo enfocó los árboles con la linterna. Respiró hondo y antes de avanzar añadió.
-Todo va a ir bien.
Raquel abrió la puerta del Jeep y se desplomó en el asiento del copiloto. Apretó los ojos y se pasó las manos por la cara, intentando no llorar. Estaba exausta, las piernas le dolían demasiado. Miró el reloj y comprobó que ya pasaban de las doce. Había fracasado, ni rastro de Mary. Michael tardaba en llegar. Miró a través de la ventanilla del vehículo, pero no se veía nada, todo estaba oscuro. Su desesperación aumentaba más a cada segundo que pasaba ¿qué haría sin Mary? ¿merecía la pena vivir en un mundo donde, con toda seguridad, todos estaban muertos? Siempre había sido un espíritu libre. Ella y Mary habían hecho lo que se les antojaba, jamás necesitaron a nadie. Pero todo había cambiado, ya no quedaba nadie a quien necesitar. La esperanza que momentos antes había tenido de encontrar a sus padres vivos, se había esfumado por completo. Sin Mary no tenía sentido.
De pronto, divisó una débil luz entre los arboles que se iba acercando lentamente. El corazón le dió un vuelco. Insconscientemente apretó la pistola que sobresalía del bolsillo de sus vaqueros. Cuando la luz estaba tan sólo a unos metros de distancia del coche, Raquel encendió los faros, y vio que se trataba de Michael. Mary dormitaba en sus brazos. Raquel suspiró de alivio y sonrió con entusiasmo a Michael a través del parabrisas. Éste le devolvió la sonrisa.
-Ayúdame a abrir la puerta- dijo.
Raquel salió del vehículo y abrió la puerta trasera del mismo. Michael colocó torpemente a Mary a lo largo de los asientos traseros. Ésta estaba pálida y presentaba signos de deshidratación.
-¿Está bien? -le preguntó Raquel ansiosa.
Michael asintió.
-Deberíamos darle algo de agua, con todo el calor que ha hecho hoy...- siguió Raquel hablando nerviosa mientras iba en busca de alguna botella.
Michael se quedó apoyado en la puerta del coche, observando a Mary que permanecía con los ojos cerrados. Vio su chaqueta tirada sobre el suelo del coche. Se la había quitado por la tarde debido al calor, sin embargo en esos momentos sentía frío. Cogió la chaqueta, pero en vez de ponérsela, cubrió a Mary con ella.
Entonces llegó Raquel con una botella de agua y él se dirigió al asiento delantero donde se sentó frente al volante. ¿Estaría el coche en condiciones de seguir adelante? observó la horquilla que seguía dentro de la cerradura. La giró con miedo. Para su sorpresa, el motor rugió alegremente.
Raquel entró en el coche, sentándose a su lado con la botella de agua todavía en sus manos. Ambos permanecieron un rato en silencio, escuchando el sonido del motor.
-Es débil- dijo Raquel echándo un vistazo detrás de su asiento- intenta no aparentarlo, pero no le sale muy bien...
Michael no dijo nada. Pisó el acelerador y minutos después continuaban por la carretera de camino a Encino.
Mary abrió los ojos sobresaltada. Un sudor frío le cubría la frente. Le dolía todo el cuerpo aunque ya no se sentía tan cansada. No reconocía dónde estaba. La luz que se filtraba a través de la persiana de una ventana cercana le permitía ver una espaciosa y sencilla habitación, en la que sólo había una cama, sobre la que estaba tumbada, un escritorio y un enorme armario. Acababa de tener una pesadilla, que había desaparecido de su mente al despertar. Se incorporó y se dió cuenta de que le habían limpiado las heridas y puesto su pijama. Tenía las manos vendadas y tiritas en la cara y las estremidades. En ese momento entró Raquel por la puerta con una bolsa en la mano. Vio a Mary despierta y sonrió con ganas.
-Vaya, veo que ya estás despierta.
-Sí...- dijo Mary levantándose de la cama. Se llevó la mano a la espalda y farfulló algo mientras se ponías las zapatillas.
-¿Qué te duele ahora, llorica?- dijo Raquel divertida.
-Mejor pregunta qué no me duele- respondió Mary arrojándole la almohada- por cierto ¿dónde diablos estamos?
-En Hayvenhurst.
-Ah, claro, en Hayvenhurst- dijo Mary con ironía- ¿Podrías ser más exacta?
-En la casa de Michael- respondió Raquel poniendo los ojos en blanco y tirándole la bolsa que llevaba- vístete y baja, Michael está haciendo el desayuno.
Mary cogió la bolsa al vuelo y frunció el ceño.
-¿Por qué no bajas y le ayudas? ¿y si se parte una uña y le da un ataque de nervios?
Raquel la miró seria.
-No deberías de ser dura con él, después de todo te ha salvado la vida.
-No me habría tenido que salvar la vida si no me hubiese dejado tirada con todos esos monstruos malolientes a mi espalda.
-Oye, lo está pasando mal. Su familia no estaba cuando llegamos. Michael dice que se han llevado ropa y que probablemente hayan hecho las maletas y estén vivos en algún lugar, pero...
-¿Y eso qué tiene que ver conmigo?- la interrumpió Mary mirándola de soslayo- ¿crees que yo no lo estoy pasando mal?
Raquel no dijo nada. Puso los ojos en blanco otra vez y salió del cuarto dejándola sola.



